Disputas por un proyecto de referéndum
LONDRES.- La batalla que comenzó esta semana en torno a un proyecto de referéndum que podría llevar a la independencia de Escocia amenaza ahora con degenerar en una crisis constitucional en Gran Bretaña.
Incluso antes de que comiencen a discutirse temas fundamentales como la viabilidad económica o la pertenencia a la Unión Europea de la región que está ligada a la corona inglesa desde 1707, los gobiernos británico y autónomo escocés ya exhiben posturas enfrentadas.
Están en desacuerdo sobre casi todo: qué institución posee la potestad para convocar un plebiscito de este tipo -si el Parlamento inglés de Westminster o el de Edimburgo-, la fecha en que debería realizarse, la forma de consulta e incluso la o las preguntas que deberían ser formuladas.
El primer ministro británico, David Cameron, defendió ayer la unión constituida por Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. "Yo creo con pasión en que somos más fuertes juntos que si estamos separados. Sinceramente, estoy triste de que incluso tengamos este debate, porque apoyo firmemente al Reino Unido", proclamó en su presentación semanal ante la Cámara de los Comunes.
En su opinión, la votación vinculante debería realizarse en un plazo de 18 meses para que la "incertidumbre no afecte a la economía", y debe contener una pregunta única cuya respuesta debe ser "sí" o "no" a la independencia.
Esta postura es rechazada por el ministro principal de Escocia, el líder del Partido Nacional Escocés (SNP), Alex Salmond, que fue reelegido en mayo de 2011 con la primera mayoría absoluta de la corta historia del Parlamento escocés (constituido en 1998) con la promesa de organizar este referéndum.
Salmond afirma que la votación debe ser consultiva, estar abierta tanto a los mayores de 18 años como a los jóvenes de 16 y 17, y que debe ser realizada en el otoño (boreal) de 2014, momento en que se cumplirán 700 años de la Batalla de Bannockburn, una importante victoria frente a Inglaterra en las guerras de independencia de Escocia.
Además, no descarta que ésta contenga una segunda pregunta, bautizada "devo-max", que propondría ya no la independencia, sino más autonomía, sobre todo en materia fiscal. Esta fórmula buscaría evitar que una victoria del "no" entierre para siempre la búsqueda de independencia.
Con esta opción, el territorio continuaría albergando fuerzas militares británicas, reconociendo a la reina de Inglaterra (al igual que las otras 15 naciones que forman parte de la Commonwealth, además de Gran Bretaña) y conservaría la libra esterlina como moneda.
Todo o nada
En cambio, si triunfara la idea del "todo o nada" defendida por Londres, una Escocia independiente debería solicitar nuevamente el ingreso a la Unión Europea y compartir con Inglaterra sus reservas de oro y sus ingresos petroleros y de gas offshore .
Si no hay un compromiso, la disputa terminará siendo resuelta en la Corte Suprema.
Por lo pronto, la única certeza al día de hoy es que, como tituló ayer el diario The Scotman, quedan 1000 días para que los escoceses decidan su futuro.

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