La candidata de Lula cayó dos puntos en los sondeos, pero mantiene una cómoda ventaja
De acuerdo con el último sondeo de Datafolha, Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), perdió dos puntos porcentuales en medio de los escándalos que la salpicaron. Hoy tiene el 49% de las intenciones de voto para las elecciones del 3 de octubre próximo.
No obstante, se mantiene en una cómoda delantera frente a José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), quien, con el 28%, cosechó tan sólo un punto porcentual más desde la anterior medición, una semana atrás.
Quien capitalizó más el ambiente de acusaciones y contraacusaciones fue Marina Silva, del Partido Verde, que sumó dos puntos y ahora cuenta con un respaldo del 13%.
Aun ante este nuevo panorama, Rousseff, ex jefa de gabinete de Lula, se perfila para vencer en primera vuelta, ya que alcanzaría el 50% más uno de los votos válidos, sin necesidad de ir a ballottage.
"Es algo dentro del margen de error. Estamos muy cerca de las elecciones y esta semana estará llena de encuestas con idas y venidas. Por eso tenemos que continuar nuestro trabajo y mostrar que el país está cambiando", dijo Rousseff, en un intento por minimizar el efecto que tuvieron sobre su popularidad las denuncias contra su ex asesora Erenice Guerra, quien la sucedió en el cargo de jefa de gabinete a principios de año, cuando ella decidió lanzarse a la presidencia.
El choque con la prensa
Guerra, cuyo hijo y tres colaboradores fueron acusados de tráfico de influencias por varios diarios y revistas, renunció la semana pasada a la jefatura de gabinete.
A la defensiva del gobierno y de su abanderada para sucederlo en el Palacio del Planalto, el propio presidente Lula se tiró contra la prensa al afirmar que algunos medios buscaban favorecer a Serra.
Sus más fieles seguidores en el PT y en sus brazos sindicales profundizaron el enfrentamiento con la prensa al organizar un acto contra el "golpismo mediático" ayer.
Con el fin de desdramatizar la contienda electoral y no crear mayores fricciones que afecten su triunfo casi seguro, Rousseff rechazó ayer tales intenciones desestabilizadoras por parte de los medios que publicaron las revelaciones sobre Guerra. "No hablaría de un golpe mediático, apenas diré que exageran un poco algunos medios", comentó la candidata, que prefirió hablar de esperanza en vez de odios.
Hasta Lula le bajó el tono al conflicto con la prensa y ofreció una extensa entrevista al portal Terra, en la que si bien mantuvo sus críticas a la concentración de medios que como factores de poder buscan ejercer influencia política, también dejó entrever que las acusaciones contra Guerra tenían sustento.
"Lo que sucedió con Erenice es que desechó una extraordinaria oportunidad de ser una gran funcionaria pública de este país", dijo ya más calmado.
En el PSDB, sin embargo, no se quedaron tranquilos y lanzaron una ofensiva mayor contra el gobierno y su abanderada para los comicios. Jugando con el temor como estrategia, Serra apuntó ayer: "Quienes persiguen hoy a la prensa más tarde van a perseguir los credos religiosos".
Y, a través de varios videos que diseminó por YouTube, su campaña comparó las declaraciones oficialistas contra la prensa con prácticas de dictadura, para luego advertir que el PT tiene planes hegemónicos de apoderarse del Estado, que hasta ahora el carismático Lula pudo contener.


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