Ayer una danza de nombres circulaba por pasillos municipales. Lo sucedido parece indicar que con el paso del tiempo, Giacomino ha perfeccionado su frenético sistema de relevos de funcionarios.
De inmediato, se abrió una búsqueda frenética para cubrir el cargo que dejara vacante Hugo Germán, aunque sí asumió Marisa Dasso en la Secretaría de Transporte en reemplazo de Raúl Merino.
Parece ser que con el paso del tiempo Giacomino ha perfeccionado su frenético sistema de relevos de funcionarios. Por ir a los dos episodios más cercanos: Guillermo Luque fue echado de la Secretaría de Gobierno, pero previamente este funcionario de máxima jerarquía había sido lapidado públicamente, con la venia del propio jefe comunal, por un director, Javier Pueyrredón.
Primero lo colocó en su batidora y lo rotó por cuatro cargos, recorriendo en forma ascendente el escalafón del Gabinete, y cuando ya había alcanzado un máximo de jerarquía y notoriedad, lo lanzó por una de las ventanas del Palacio 6 de Julio.
Se conocían desde hace 20 años, cuando allá por los ’90 Francisco Delich, el padrino político de Giacomino, llegó al Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba. A propósito, su propio padre político tuvo un paso rasante por el gabinete (algunos meses, secretario de Educación) y luego se abrió un abismo entre él y su delfín.
Ahora le tocó el turno a Villar, un dirigente peronista vinculado al sindicalista K Pablo Chacón, con quien Giacomino quería seguir armando una red de asociación política. Pero, por eso mismo, se quedó sin reemplazante para Germán y encima los vínculos con Chacón quedan entre paréntesis.
Si construir poder político es buscar asociaciones en escala, la idea de Giacomino parece estar en las antípodas de este modelo. Luce más bien como un gran desconstructor, perdiendo constantemente socios y allegados. Por considerar sólo el primer plano, Mario Agüero, su primer secretario de Transporte, preside hoy el Tribunal de Cuentas y es el principal mentor de la auditoría que el organismo realiza la Tamse y que, sin margen de duda, mostrará el estado de calamidad de la empresa.
Anoche era una danza de nombres en los despachos municipales para buscar tapar el agujero que dejó la súbita partida de Villar. Algunos mencionaban un enroque que ponía en Gobierno al presidente del bloque de concejales giacoministas, Gustavo Barrionuevo, y llevaba al actual titular de esa cartera, Walter Arriola, a la presidencia de la Tamse.
Si el destino de Arriola terminara en la picadora de carne que es la Tamse, sería un acto de justicia. El secretario de Gobierno gerenció la salida del secretario de Transporte y del titular de la Tamse. Y si es cierto que Merino es absolutamente insolvente, al menos para manejar la empresa municipal, también lo es que se trata de un caballero y que, como tal, merecía que el intendente lo llamara a su despacho y de mínima le pidiera coloquialmente: “Raúl, necesito que des un paso al costado”. Las buenas formas son eficaces para asociarse y también dar por prescripto el affectio societatis.


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