Un escándalo de alcoba jaquea al canciller británico

William Hague negó haber tenido un affaire con un asesor, que renunció al puesto.
El gobierno conservador inglés volvió a experimentar los escalofríos políticos de los tiempos de John Major, cuando el canciller William Hague se vio forzado a desmentir que sea gay y que hubiese tenido un affaire con Christopher Myers, su compañero de campaña y designado como su tercer asesor en el Foreign Office británico. Myers renunció inmediatamente ayer, citando “rumores maliciosos y no ciertos” y la “presión de la familia”.

Hague –niño prodigio de la era thatcherista, ex líder partidario tras la derrota laborista y reinsertado en el partido por el actual primer ministro David Cameron– decidió hacer una declaración muy personal sobre su orientación sexual, después de que en diferentes diarios y blogs británicos hablaran de la especial “relación” entre él y su asesor . Myers es un joven de 25 años, graduado de la Universidad de Durham, muy a la moda, que opina sobre temas tan sensibles como el de Malvinas y con un salario de 30.000 libras esterlinas.

“Chistophers Myers ha demostrado compromiso y talento político en los últimos 18 meses. Está fácilmente calificado para el trabajo que ejerce. Cualquier sugerencia de que esta designación se debe a una impropia relación entre nosotros es falsa así como cualquier insinuación de que yo he estado envuelto en una relación con algún hombre”, dijo el canciller Hague en su declaración, que conmovió al palacio de Westminster, donde trabajan los diputados y Lores británicos.

La sorpresa de sus colegas conservadores fue cuando Hague detalló las dificultades que Ffion, su mujer galesa, y él tenían a la hora de concebir un hijo y los efectos de ese trauma sobre su matrimonio. “Nosotros nos hemos encontrado con múltiples dificultades y sufrimos múltiples abortos espontáneos y todavía seguimos en duelo por la pérdida de un embarazo este verano. Sabemos que el stress de la infertilidad puede tensar un matrimonio pero, en nuestro caso, nos ha vuelto más unidos”.

Los diputados salieron a apoyar a Hague corporativamente, más allá de creer que su defensa había sido “pobre y mal orientada”. También criticaron la designación de Myers en Cancillería cuando podría haberlo nominado en su oficina parlamentaria. “Todo esto es un affaire ridículo y un error de juicio”, fue la unánime opinión.

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