El Reino Unido esperaba desde hacía años el día que Gordon Brown diera al fin el disparo de salida para las parlamentarias. La ciudadanía votará entre la continuidad del laborismo del premier o el cambio generacional del líder derechista David Cameron.
La fecha del 6 de mayo estaba cantada desde hacía meses, al coincidir con las elecciones locales que se celebrarán en Inglaterra, pero el premier laborista Gordon Brown terminó con meses de especulaciones sobre la convocatoria electoral tras cumplir el trámite de reunirse con la reina, que procedió a la disolución oficial del Parlamento. Brown compareció frente al 10 de Downing Street acompañado por su Gobierno al completo y pidió a los 45 millones de británicos que serán convocados a las urnas dentro de un mes que sigan confiando en el Partido Laborista para cimentar la recuperación económica.
Su breve discurso dejó claro que los laboristas jugarán la baza del papel desempeñado por su líder para hacer frente a la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial y del temor a que una victoria de los "tories" frene la aplicación de los programas de estímulo de la economía actualmente en vigor y ponga en peligro la recuperación. Brown, convertido en primer ministro en 2007 al suceder a Tony Blair, se enfrenta por primera vez al veredicto de las urnas y su intención es hacerlo desde la imagen de un gestor eficaz y trabajador, lejos de la brillantez y el carisma de su antecesor.
Frente al origen casi aristocrático de su oponente, el primer ministro reivindicó su pertenencia a una familia escocesa de clase media que le enseñó "los valores de la responsabilidad y el trabajo duro", y se comprometió a trabajar para quienes menos tienen. Brown ha demostrado ser un corredor de fondo, que pudo haber ganado las elecciones si las hubiera convocado en noviembre de 2007 –cuando gozaba de una elevada popularidad tras suceder a Blair– y que ha sobrevivido incluso a tres intentos dentro de su partido para derrocarlo. Hace menos de un año era un cadáver político, al que Cameron superaba en 20 puntos en la intención de voto, pero sus posibilidades han mejorado en paralelo a la recuperación económica.
Cameron ofreció la imagen de la juventud, la ilusión y el entusiasmo, y escenificó el cambio generacional compareciendo ante los medios frente a su casa tras una sesión de "footing". El líder conservador dijo que estas elecciones "son las más importantes de la última generación" y reiteró este mensaje en un discurso frente al Parlamento, en el que, parafraseando al ex presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy, pidió a los ciudadanos que piensen "qué pueden hacer por su país".
Los focos estuvieron centrados en Brown y Cameron, pero también en el líder del Partido Liberal Demócrata, Nick Clegg, que puede tener la llave de la legislatura si las empresas demoscópicas aciertan y no hay una mayoría clara parlamentaria. Clegg, cuyo partido podría obtener hasta un 20% de los votos, destacó que estas elecciones son "el principio del fin de la era Gordon Brown", a quien responsabilizó "de los mayores errores que se han cometido durante los últimos 13 años". (EFE)

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