Carlos PagniLos científicos de la mente afirman que el 75% de las personas han experimentado alguna vez la sensación de déjà vu . Es decir, han sido testigos de una situación nueva con la impresión de haberla vivido antes.
El déjà vu es una ilusión. La historia no se repite, sino que, como observa Fernando Henrique Cardoso, "cuando esperamos lo inevitable, sucede lo inesperado". Sin embargo, muchos actores y observadores de la escena pública se preparan para asistir, a partir de mañana, a una larga batalla sin hipótesis de salida, que abrirá nuevas grietas en la Argentina y tendrá consecuencias para el futuro político y electoral.
El acontecimiento más relevante de la agenda será la embestida contra la empresa Papel Prensa, entre cuyos accionistas están los diarios LA NACION y Clarín . Pero habrá otras novedades relevantes para el juego del poder. En La Plata, Néstor Kirchner le dará las llaves del PJ bonaerense a Hugo Moyano. Y en la Cámara de Diputados la Comisión de Agricultura emitirá dos dictámenes que pretenden reducir la alícuota de las retenciones a los granos. Ese pronunciamiento coincide con la fecha de vencimiento de la delegación legislativa que le ha permitido a la Casa Rosada, hasta ahora, modificar a su antojo ese porcentaje. Si no fuera porque carece de un carácter festivo, este martes tendrá tanta densidad que merecería denominarse "supermartes".
Muchos empresarios, analistas y dirigentes políticos vienen explicando que, si gana las elecciones del año que viene, Kirchner se volverá más parecido a Chávez. Sin detenerse en las diferencias que lo separan del caudillo venezolano, ese pronóstico pretende hacer ver que Kirchner haría un uso más autoritario del poder. Esos profetas no calcularon lo que ahora está ocurriendo. Es decir, que la metamorfosis se anticiparía. Que Kirchner no esperaría a ganar las elecciones para parecerse más a Chávez, sino que, al contrario, apostaría a radicalizarse para ganar las elecciones. Con la liturgia de mañana, el Gobierno emitirá un mensaje claro: su estrategia electoral tendrá una orientación populista, intervencionista y antiliberal, en lo político y en lo económico. Es un dato que desconcierta al oficialismo, que esperaba gestos de moderación para recuperar votantes de los sectores medios. Como en la saga contra el campo, el signo de la campaña será ahora el enfrentamiento. Basta ver a los actores: Moyano y Moreno.
No hay que esperar a que la Presidenta divulgue su informe sobre Papel Prensa para advertir este rumbo. El viernes pasado, Néstor Kirchner participó del Foro de San Pablo, que se celebró en Buenos Aires. Esa asamblea, que reúne a las principales fuerzas populistas y de izquierda de América latina, emitió una declaración recomendando que los Estados ejerzan un mayor control sobre los medios de comunicación. El texto puso como ejemplo la ley de servicios audiovisuales de la Argentina. No se refirió sólo a que los órganos de control aseguren, como en Estados Unidos y Europa, la pluralidad de fuentes de información. Propuso también una política de contenidos y una restricción para las empresas de radiodifusión. También deseó suerte a Hugo Chávez en sus próximas elecciones legislativas, sin decir una palabra sobre la torpe censura impuesta sobre los diarios de Venezuela -sobre todo El Nacional - por informar que en ese país se cometieron durante 2009 más de 19.000 asesinatos, es decir, uno cada 27 minutos. Tampoco hubo una palabra sobre ese estado de violencia social en el que se asienta la Revolución Bolivariana.
No debe sorprender. El populismo latinoamericano nunca revisó su creencia en que, si el mercado es de por sí sospechoso, lo es mucho más cuando se trata de la comunicación social. Al contrario, gran parte de la dirigencia política regional entiende que la iniciativa privada en materia de prensa es una restricción para la democracia. También supone que los gobiernos deben modelar los mensajes y orientar su circulación.
Sin embargo, la escalada de la Presidenta y su esposo contra los medios de comunicación no se inspira en estas ideas, sino que se sirve de ellas como coartada. Después de todo, Néstor Kirchner persiguió hasta noviembre de 2008 un acuerdo con el Grupo Clarín que, como él habría confesado en una de las negociaciones, le diera cobertura política hasta 2015. Cuando fracasó, no recurrió a una ONG sino a su equipo de hombres de negocios: desde Sergio Spolsky, para editar diarios, hasta Gerardo Ferreira (Electroingeniería), para gerenciar radios. Del mismo modo, a Kirchner no lo ha preocupado que la cancelación de la licencia de Fibertel pueda beneficiar a las telefónicas ni que el hostigamiento a Cablevisión en el conurbano enriquezca a Telecentro, de su amigo Alberto Pierri.
Como se ve, no existe incompatibilidad entre kirchnerismo y propiedad privada. Sin embargo, el pronunciamiento contra Papel Prensa se incluye en un conflicto con el empresariado. El Gobierno está ensañado con Héctor Magnetto. A tal punto que algún gracioso le inventó una identidad en Twitter para hacerle emitir mensajes disparatados. Esta inquina tocó un pico cuando se publicó la foto de la reunión de AEA y la UIA, dos semanas atrás. A los integrantes de ese retrato comenzaron a pasarles cosas raras. A un autopartista le cortaron el financiamiento. Al dueño de un laboratorio le iniciaron una inspección de la AFIP. En un banco comenzaron a multiplicarse de manera sospechosa las salideras.
La desgracia más estridente le ocurrió, cuándo no, al Grupo Techint. El sindicato de camioneros, conducido por Pablo Moyano, suspendió los trabajos de carga y descarga en Siderar, aduciendo que la empresa contrataba a compañías de camiones que no tenían a sus trabajadores regularizados. El conflicto dio lugar a una negociación. La empresa verificó que las irregularidades de sus contratadas sumaban $ 3 millones. Moyano Jr. exigió, sin documentación de respaldo, que se le entreguen $ 5 millones, y un aporte adicional de $ 1,5 millones para el gremio. El desacuerdo provocó la intervención del Ministerio de Trabajo. Allí Moyano exigió $ 9 millones y elevó su "propina" a $ 3 millones. Consecuencia: la producción de acero está ahora interrumpida y es posible que esta semana en las montadoras de autos se queden sin chapa.
Es posible que el Gobierno no aliente a Moyano, pero festeja sus daños. También es posible que no advierta que la siderurgia y las automotrices alientan la reactivación. El índice de actividad industrial es superior un 12,4% al del año pasado. Si se descontara la incidencia de esas dos actividades, sería del 5,5%.
Está claro que Pablo Moyano y su padre, Hugo, no son los custodios de los intereses del Gobierno. El líder de la CGT fantasea con su propia trayectoria de poder, que lo llevará mañana a ocupar la jefatura del PJ bonaerense. Kirchner estará en La Plata, aplaudiendo. Así como no advierte los efectos de su política de medios sobre el electorado independiente, tal vez tampoco evalúe el costo de asociarse al dirigente con peor imagen en el distrito que decide su carrera electoral. Es otra semejanza entre este 23 de agosto y aquel 9 de marzo. Kirchner no pudo percibir, en su iracundia, la fisura electoral que le produciría la guerra contra los chacareros. Tal vez ahora no vea el significado político de su ataque a la prensa y de su asociación con Moyano. Dios ciega a los que quiere perder.






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