EditorialLa escasez de ingenieros es un antiguo problema de las empresas que se debe tanto a la cultura educativa como a la historia de estancamiento económico.
Entre las razones de la baja dedicación a la ingeniería figuran tanto cuestiones culturales, como el prestigio de carreras tradicionales, el grado de esfuerzo que exige el estudio de la ciencia y la técnica y también el bajo crecimiento industrial, que produjo una merma en la demanda de ingenieros y técnicos. Pero también ha influido la falta de preocupación del Estado por fomentar las carreras científicas y tecnológicas. En los años noventa se llegó a tolerar el deterioro de las escuelas técnicas y se menospreció públicamente a los científicos.
A partir de la recuperación de 2003 esta última variable se modificó y la demanda de esos profesionales se incrementó y muchas empresas tuvieron y siguen teniendo dificultades para encontrar profesionales. Aún así, la cantidad de estudiantes en el rubro aumentó muy por debajo de las necesidades.
Es indispensable, por lo tanto, implementar políticas públicas para estimular el estudio de ingeniería y de carreras técnicas, para que la carencia apuntada no se convierta en una traba al desempeño de las empresas o que deban importarse servicios del exterior.
Las empresas son responsables, además, de desarrollar sus propios institutos de estudio así como contribuir al financiamiento de las carreras de ingeniería y tecnología en universidades públicas o privadas.
La Argentina produce menos ingenieros de los que necesita, por razones económicas y de cultura educativa. Es necesario promover las carreras vinculadas con la ciencia y la técnica.
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