Escalofríos

Luro y 190 es un punto de la ciudad muy lejano del palacio municipal, del mundo en el que transcurre la vida de los dirigentes políticos de Acción Marplatense.
Es decir, de los límites urbanos de Gustavo Arnaldo Pulti, Diego Monti, Marcelo Artime, Ariel Ciano, o cualquiera de ellos que queramos ubicar en este escenario.

Luro y 190 es un barrio de aquellos que los demógrafos suelen citar como “barriadas populares”. Históricamente dominados por el justicialismo, hoy ya no quedan allí dirigentes del PJ: ahora estos viven en los edificios “Dumbledor” o similar. Vacante, Salerno, Garivoto, cumplen con una cita de Raúl Ricardo Alfonsín que Juan Manuel Casella me refiriera en una entrevista en 1994: ”La Legislatura de la Provincia es hoy un lugar de cría de la nueva oligarquía”. Y no sólo de justicialistas, claro.

Tan lejos les queda 190 y Luro, que no entienden nada. La principal preocupación de los jueces de la Cámara Penal, reunidos para dar a conocer un documento crítico a la movida vecinal que llaman “escrache”, era: ¿quién les dio la dirección de Errandonea? (Saúl, juez de Garantías). La otra inquietud era saber quién podría estar detrás de la movilización de personas en la ciudad: sienten tanto desprecio por la gente que están convencidos de que si no hay alguien que los arree como ganado no saben por cuál camino marchar o por cuál derecho conculcado reclamar.

En momentos en que se desarrollaba la segunda marcha por Dardo Molina, uno de los organizadores recibía un llamado telefónico directamente de Pulti, diciendo que ya había cerrado con el Gobernador Scioli un subsidio para la familia de Dardo. La respuesta llegó de parte de Silvia, la esposa de Molina, que quiso saber si el llamado era a cambio de algo, para obtener algo. Pulti aseveré que no. Minutos después, apenas instantes antes de que los manifestantes llegaran al palacio municipal y se manifestaran ante Canal 8, un colaborador de GAP que se identificó como ‘Adrián’ (¿Alveolite?) pidió a los manifestando que no criticaran a Scioli, afirmando que el Gobernador estaba con ellos y que el martes 5 estaría el subsidio para la familia.

En materia específica y concreta de seguridad, estamos muy mal. Desde que Osvaldo Castelli es jefe departamental, la cifra de asesinados en la ciudad supera la cuarentena, y hay cuestiones objetivas para que ello ocurra. Por caso, el de la designación del ex titular de la Seccional Sexta, Ernesto Artoni, conocido como “Caco”. Echado de la Cuarta, fue colocado en dicha dependencia con competencia sobre el barrio “Libertad”, pese a ser advertido Castelli por oficiales en funciones que Artoni era adicto y que no se hallaba en condiciones de estar a cargo de dicha responsabilidad.

Castelli no estaba desprevenido, sabía que Artoni era adicto, como lo sabía su jefe directo, el ex titular de la Distrital Norte Roberto Roldán, que no podía ignorar que se utilizaban patrulleros de dicha seccional para llevar punteros de la droga a efectuar sus entregas. ¿Delivery policial? Sí, señor, a vista y paciencia de los jefes: todo vale si el sobre es grueso.

El paso de los jefes Barata y Zonta por Mar del Plata fue otra escenita mediática para dar la idea que algo se hace. Y sin embargo, nada cambia, sólo se amplía minuto a minuto la lista de muertos, violados, torturados, saqueados. Y se preguntan quién está detrás de la gente… Tan lejos están, que da escalofríos.

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