El equivocado impuesto a las transacciones financieras

CAMBRIDGE, Estados Unidos.- Europa arde. ¿Por qué no agregamos más leña? Ese parece ser el pensamiento detrás de las propuestas de impuesto a las transacciones financieras (FTT, por sus siglas en inglés) de la Comisión Europea, que es su respuesta al crecimiento estancado y a los problemas de financiamiento de Europa.
Es innegable el atractivo emocional de un impuesto para las transacciones financieras. Los europeos ordinarios tienen que pagar un impuesto al valor agregado para casi todos los bienes y servicios que compran. ¿Por qué no gravar la compra de acciones, bonos y derivados? Ese impuesto golpeará a los ricos y a las firmas financieras, y aumentará los ingresos.

La Comisión estima que su propuesta de impuesto de 0,1% sobre el comercio de bonos y acciones, y el 0,01% sobre los derivados, recaudará más de 50.000 millones de euros anuales. El FTT frenará la especulación desestabilizadora en los mercados financieros.

Se deberían gravar los rendimientos y bonos de las empresas financieras de forma parecida a la de otras actividades económicas. Es necesario frenar un apalancamiento excesivo. Pero aunque el FTT es el tema favorito de los principales comentaristas económicos de izquierda y de las ONG estilo Robin Hood, es un enfoque equivocado.

Grandes pensadores como John Maynard Keynes y el desaparecido Nobel James Tobin sugirieron gravar las transacciones financieras como una manera de reducir la volatilidad. Sin embargo, la idea ha sido examinada por investigadores económicos y es difícil tomar sus resultados como base de apoyo.

Esos impuestos reducen la liquidez en los mercados financieros. Con menos operaciones, el contenido de la información de los precios se reduce. Pero los resultados teóricos y de simulación sugieren que no hay una disminución evidente de la volatilidad. Mientras que un aumento así de grande de los ingresos mediante una tasa de impuestos tan baja suena grandioso, la disminución en el volumen de las operaciones reduciría la base fiscal. Probablemente los ingresos finales serían decepcionantes, como ocurrió en Suecia cuando intentó gravar las transacciones financieras hace dos décadas.

Peor aún, en el largo plazo, la carga fiscal cambiaría. Mayores impuestos a las transacciones incrementan el costo del capital, y en última instancia reducen la inversión. Con un capital social reducido, la producción tendería a bajar, lo que disminuiría los ingresos del gobierno y contrarrestaría las ganancias directas del impuesto. En el largo plazo, los salarios caerían y los obreros terminarían cargando con una proporción del costo. El FTT violaría el principio general de las finanzas públicas de que es ineficiente gravar los factores intermedios de producción.

Todo esto es bien sabido, aunque los principales líderes de opinión, políticos y filántropos prefieran ignorarlo. La Comisión ha recibido advertencias del Fondo Monetario Internacional, cuyos economistas han catalogado ventajas y desventajas de los FTT.

La interpretación más generosa es que la Comisión no cree en las previsiones y análisis de los economistas, y considera el FTT más viable de lo que se piensa. Los gobiernos latinoamericanos, en particular las autoridades brasileñas, tuvieron éxito al obtener más ingresos de los impuestos sobre los retiros bancarios de lo que creía la mayoría de los analistas políticos. El historial de crecimiento de largo plazo de América latina difícilmente es la mejor propaganda para este enfoque, y si se tomaran en cuenta los ingresos fiscales perdidos por un PBI reducido se llegaría a un resultado fiscal menos impresionante.

Otra posibilidad es que los europeos llegaron a la conclusión de que las ventajas políticas de un FTT superan sus defectos económicos. Un FTT tiene tanto atractivo popular que los intereses financieros con poder político no podrían bloquearlo. Casi se podría aceptar la idea si no fuera porque el impuesto es tan contraproducente en el largo plazo que no parece que sea mejor que nada.

Otras interpretaciones de los motivos de la Comisión son más cínicas. Tal vez las autoridades se dieron cuenta de que casi todo en Europa está gravado. En lugar de financiar las instituciones de la Unión Europea mediante contribuciones más grandes de las bases fiscales existentes, se busca un consenso para tener nuevas fuentes de ingresos. O quizá la Comisión se da cuenta de que el FTT estará muerto antes de nacer por las disputas internas en Europa, y quiere ganar capital político con una propuesta popular.

Después de que estallara la crisis en 2008, el ex presidente de la Reserva Federal estadounidense Paul Volcker dijo que la única innovación financiera valiosa de las últimas décadas era el cajero automático. Como señala el documental ganador de un Oscar Inside Job , entre los responsables de otras innovaciones menos útiles que ayudaron a provocar la crisis -políticos, hombres de finanzas y muchos otros- ninguno ha pagado realmente el precio.

* 0,1%

Es la alícuota impositiva que se aplicaría al comercio de acciones y bonos si prospera un proyecto de la Comisión Europea. A los derivados les tocaría el 0,01 por ciento.

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