En un nuevo intento por frenar la violencia en Siria, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó ayer por unanimidad el envío de 300 observadores para vigilar el precario alto el fuego que rige desde hace diez días.
La resolución aprobada ayer, presentada por Rusia, señaló que "claramente no es completo" el fin de la violencia y contempla la posibilidad "de adoptar otras medidas, según resulte necesario".
"Sin ninguna duda, el envío de nuevos observadores es una demanda del pueblo sirio -declaró George Sabra, vocero del opositor Consejo Nacional Sirio-. Pero no creo que basten 300 observadores para un país como Siria, donde la revolución afecta al conjunto de las ciudades y de los pueblos."
En tanto, la embajadora norteamericana ante la ONU, Susan Rice, dijo que Washington no apoyará una extensión del mandato de tres meses si el gobierno sirio no implementa el plan de paz, y que si eso sucede, impulsará sanciones.
Ayer, además, el pequeño grupo de observadores que llegó hace una semana a Damasco visitó la ciudad de Homs, bastión rebelde de la revuelta contra Al-Assad que comenzó hace trece meses y que dejó por lo menos 9000 muertos, según la ONU. Activistas de esa ciudad denunciaron que los bombardeos se detuvieron por primera vez en semanas sólo porque las autoridades sirias permitieron el ingreso de los observadores el jueves pasado.
En una señal de cumplimiento del plan de paz de Kofi Annan, la agencia oficial de noticias Sana informó que fueron liberadas diez personas que estaban detenidas sin acusaciones formales.


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