Entresijos

Detrás del escenario de lo público, en cada momento se cuecen acciones que el poder busca evitar que la sociedad conozca.
El uso de los recursos públicos, en especial, es la principal obsesión del poder: hay que mostrar el mejor rostro posible, y hacer lo imposible para que todo parezca formalmente bien hecho.

Un capítulo de estos entresijos se dio el pasado miércoles 27, día del censo y fecha del fallecimiento de Néstor Kirchner. En el despacho de la privada del Intendente, en ausencia del lord mayor (¿o menor?), se reunieron: la “viceintendenta” Lucila Branderis, el ingeniero presidente del Ente Municipal de Obras y Servicios Urbanos (ENOSUR) Manuel Regidor, y el titular de la Secretaría de Planeamiento Urbano José Luis Castorina con empresarios de la Propulsora de la Peatonal San Martín.

El cónclave reservadísimo se realizaba a solicitud del Ejecutivo, con Pulti ausente por haberse dirigido raudamente a Capital Federal con el objeto de presentar sus respetos a la Presidenta en el velatorio de Néstor Kirchner. Branderis ofreció café, agua o gaseosa, y dio por abierta la reunión, cediendo la palabra a los funcionarios presentes. Allí Castorina dio las novedades: “está la partida de cuatro millones de pesos para llevar adelante los cambios en la peatonal. El Gobernador quiere que cuando menos una cuadra esté lista para enero, quizá la que va de Córdoba a San Luis, como modelo de la renovación en curso”, dijo.

En un determinado momento, Regidor introdujo el término “problemita”. Cuál, quisieron saber sus interlocutores. “Bueno, que la obra no sale cuatro millones de pesos, sale algo más… Cinco millones y medio”, aclaró. La respuesta no se hizo esperar: “¿qué quieren que hagamos nosotros, los vecinos de la Peatonal?”, interpelaron los comerciantes. Los funcionarios fueron a fondo: “que planteen que la diferencia se pague por mejoras”. Fue algo así como el fin de la charla y el inicio de una discusión.

Traducido al lenguaje pedestre, la cuestión sería más o menos así: la peatonal tal cual está hoy fue diseñada por un equipo que reportaba a José Luis Castorina -anterior y actual funcionario del área- y realizada por COARCO, empresa que tenía entre sus responsables a Manuel Regidor, hoy funcionario comunal. Es un hecho conocido que la obra recibió el final de obra sin la anuencia de los vecinos, que reclamaban por el cambio del pórfido que está colocado en el cruce de calles. Se supone que debería tener un espesor de no menos de 1.2 centímetros, y en líneas generales, es de apenas 0.8 centímetros; la otra pata del descontento es la incorrecta colocación de la junta de dilatación.

Pese a estas fallas graves, la decisión política en su momento fue la de otorgar el certificado final de obra y pagar el total del contrato a COARCO. Hoy, con todos esos inconvenientes que saltan a la vista de todo aquel que transite esa arteria central de la ciudad, la comuna pretende que los frentistas paguen un millón y medio más de lo que ya transfirió por la Provincia.

A partir de este requerimiento, la reunión tomó un sesgo crítico. Branderis no tenía ni idea, pero intentó un “nosotros no tenemos nada que ver”, algo raro de explicar estando Castorina y Regidor en la mesa de discusión. La propuesta de los empresarios fue clara: “ya que la obra fallida la hizo COARCO, que los cambios los ejecute COARCO”. Les respondieron que hay que licitar.

La propuesta de los empresarios quizá no sea administrativamente posible, pero tiene lógica: “muchachos, ustedes hacen lo que quieren. Les dieron el final de obra, pues bien, ahora dénles la obra de manera directa y listo”.

Entresijos del poder, ese lugar en el que creen que pueden hacer lo que les venga en gana.

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