Las nuevas torres, desde el punto de vista formal, no alterarán el paisaje urbano de la zona de Catalinas, emparentado en algo con ciertos sectores de Puerto Madero: torres de gran porte y altura en relación con los edificios más habituales de nuestra urbe, con diversidad de expresión pero, en el fondo, sin gestos aparentes demasiados radicales y persiguiendo todos los mismos conocidos mandamientos que impone el mercado actual.
En lo que difieren de los demás edificios de Catalinas es que estas nuevas torres de muy reputados estudios se ubican sobre la complicada avenida Eduardo Madero. La visión de algunos renders de los edificios con calle despejada y elegantes autos circulando es absolutamente alejada de la realidad actual de una vía lentísima, taponada por camiones de gran porte que atraviesan esa arteria sin entrar a la ciudad.
Esta circunstancia se solucionaría con algún proyecto que la convirtiera en una avenida de características parecidas a Alicia Moreau de Justo, derivando la circulación de los camiones por un viaducto elevado que uniera las autopistas Buenos Aires-La Plata e Illia y que, por inexplicables razones del conjunto Nación-Ciudad, no se materializa (no abundo en el tema por estar involucrado en él).
Se percibe actualmente que el conjunto Catalinas tiene un frente noble, la avenida Leandro Alem, y otro auxiliar, la avenida Madero. Estos proyectos, que serán los más nuevos -y es de esperar superen en tecnología y confort a los existentes-, cambiarían este concepto.
Estos edificios tendrán además la ventaja de tener un paisaje hacia el río que no estará segmentado por otras torres, por lo que el tema descripto toma especial relevancia.
El autor es arquitecto y profesor de la maestría de Diseño Avanzado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires.
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