Benedicto XVI celebrará el cuarto consistorio de su pontificado
En una ceremonia de lo más sugestiva a la que asistirán más de 120 cardenales de todo el mundo, el Papa les entregará a los nuevos príncipes de la Iglesia el birrete color púrpura -símbolo de la sangre que deben estar dispuestos a derramar-, el título y el anillo cardenalicio.
Mañana, en cambio, concelebrará junto a sus máximos colaboradores una misa solemne.
Si bien en América latina vive cerca de la mitad de los 1000 millones de católicos que hay en el mundo, sólo un brasileño figura en la nueva camada de cardenales. Es João Braz de Aviz, arzobispo emérito de Brasilia y, desde hace unos años, uno de los "ministros" del Papa como prefecto de la Congregación para los Institutos de la Vida Consagrada.
Se destaca, por otra parte, la designación de siete italianos, la mayoría miembros de la curia romana -el gobierno central de la Iglesia- y, al menos cinco, amigos personales del hoy cuestionado brazo derecho de Benedicto XVI, el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone.
También pasarán a ser "príncipes de la Iglesia" dos norteamericanos, un canadiense, un indio y un chino de Hong Kong. Entre los 16 europeos que recibirán el birrete rojo están los obispos de Utrecht, Praga y Berlín y el español Santos Abril y Castelló, ex nuncio en la Argentina y arcipreste de la basílica romana de Santa María la Mayor.
Con este consistorio, los italianos pasarán a ser el bloque mayoritario en caso de cónclave, con 30 cardenales electores. De los actuales 125 purpurados votantes, hay 67 europeos (30 italianos); 22 latinoamericanos -entre ellos, dos argentinos, el cardenal primado de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, y el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales-, 15 norteamericanos, 11 africanos, 9 asiáticos y tres de Oceanía.
JORNADA DE REFLEXIÓN
Ayer, como es costumbre, de los 213 miembros del Colegio Cardenalicio de todo el mundo, 133 se reunieron para una jornada de reflexión y oración en vísperas del consistorio.
La estrella de esta reunión a puertas cerradas fue el arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan -uno de los 22 cardenales que hoy recibirán el birrete-, que abrió la jornada con una intervención que fue muy elogiada tanto por los asistentes como por el Santo Padre.
"La nueva evangelización debe hacerse con la sonrisa, no con un rostro adusto", dijo Dolan, que sub-rayó que la nueva evangelización "es un acto de amor". "Necesitamos decir de nuevo como un niño la eterna verdad, la belleza y la simplicidad de Jesús y de su Iglesia", aseguró el futuro cardenal, que fue muy aplaudido.
Luego tomaron la palabra 27 distintos purpurados para abordar temas que fueron desde el crecimiento de los cristianos en China pese a las dificultades, el diálogo interreligioso y la lucha contra la pobreza en la India, la religiosidad popular en América latina y los desafíos para el Occidente secularizado.
El cardenal argentino Jorge Mejía, bibliotecario y archivista emérito, de 89 años, hizo una intervención bíblica de seis minutos. El cardenal vasco-francés Roger Etchegaray, de 90, por su parte, sorprendió al hablar de la urgente necesidad de enfrentar la irresuelta cuestión de los católicos divorciados vueltos a casar, quienes tienen prohibida la comunión, según pudo saber La Nacion.
Como era de esperar, del escándalo del "VatiLeaks" no se habló en forma directa, sino transversal. Este tema, sin embargo, dominó las conversaciones que tuvieron extraoficialmente, en reuniones privadas, los purpurados de todo el mundo llegados a la capital italiana.
Por estos días, en Roma las filtraciones de noticias, los rumores de renuncia del Papa y la guerra interna que según los medios italianos ha recrudecido en los sacros palacios, también disparó un clima de "precónclave" y de sucesión palpable en el ambiente.



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