Vecinos no creen que disminuirá el delito. Mañana se realizará el corte de cinta en el megabarrio. Hay reclamos por la falta de patrullaje pero también por las casas que fueron adjudicadas y que siguen deshabitadas
Ya antes recibieron a este diario. El marzo y en diciembre de 2009, y en enero de este año, se publicaron artículos en las que sostenían el mismo reclamo (Ver "Las notas..."). En aquellas ocasiones, los vecinos que denunciaban los ilícitos eran muchos más que tres. Según se lamentan Maximiliano y las dos Patricia, de a poco dejaron de acudir a las reuniones y, por eso, ellos también dejaron de convocarlas. Y como creen que la merma en el número de vecinos disminuye la fuerza de la queja, el trío pide que no se consignen sus apellidos. "Es por seguridad", se atajan. Precisamente, este diario los visitó por la inauguración de la comisaría Lomas de Tafí, que estará a cargo de la Unidad Regional Norte. Con el corte de cinta de mañana a las 10 -en el lote 12 de la manzana 26-, las autoridades de la Policía esperan llevar tranquilidad. Pero los vecinos fruncen el ceño.
Sin cambios
"No creo que nada cambie; supuestamente el destacamento ya funcionaba y los robos y arrebatos ni siquiera disminuyeron. Te dicen que andan motos recorriendo, pero ahora vamos a dar una vuelta, a ver si encontramos alguna", desafía Maximiliano. En efecto, el paseo por el barrio no arroja resultados positivos. Sin embargo, asombra la cantidad de casas deshabitadas, pese a haber sido adjudicadas. "Es impresionante; esto no sólo nos perjudica porque allí se esconden ladrones, sino porque, al no haber nadie viviendo, no cierran el frente ni los costados, y terminan siendo vías de llegada y de escape de las viviendas que roban", dice una de las Patricias.
Según explica, una de las formas de robo más frecuentes consiste en entrar a las casas saltando las paredes del fondo o de los costados y llevarse algo del patio. Si las casas vecinas no están habitadas, los delincuentes sólo deben trepar un muro, tomar el objeto y escapar. "Y el pasto alto de los espacios verdes les viene muy bien para perderse", precisa la otra Patricia.
Incluso, de los dúplex entregados hace casi un mes, sólo unos pocos están habitados. "Yo no protesto si buscan hacer negocio; si quieren esperar a que pasen tres años y, entonces, vender las casas. Pero deberían cerrarlas al menos, para que no nos perjudiquemos nosotros", agrega la anterior.
Son las 21. En la comisaría próxima a inaugurarse, tres agentes conversan: la sargento Liliana Aguilar, la cabo Marcela Giménez y el agente Juan Artaza. Ellos no coinciden con los vecinos; por el contrario, están seguros de que, una vez que se habilite el destacamento, los problemas de inseguridad disminuirán. Maximiliano y las Patricia fruncen el ceño otra vez.
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