Entre Ríos está muy lejos de autoabastecer su demanda de frutas y verduras

La apertura del enlace Victoria–Rosario profundizó la dependencia entrerriana de las quintas de provincias vecinas, y se reproduce un esquema que importa productos frescos de Santa Fe, Corrientes, Buenos Aires y el mercado de Fisherton.
Hace 10 años que en Entre Ríos no se producen censos o reconocimientos que abarquen a toda la provincia sobre la producción de verduras y frutas –con excepción de los cítricos– tanto en volumen como variedad o hectáreas sembradas.

Sin embargo, en Victoria se lleva adelante el Proyecto Minifundio, que se ejecuta a través de un convenio de colaboración entre el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Municipalidad de esa ciudad –que si bien los datos fueron recogidos durante 2008 y procesados en los años posteriores– arroja un dato ilustrativo: en esta ciudad, sobre los 62.774.031 pesos que se vendieron ese año, 41.140.183 pesos se importaron, especialmente del mercado de Fisherton, en Rosario.

Esta afirmación se comprueba con la minuta de la reunión de la cadena hortícola que impulsa la Dirección de Cadenas de Valor del Ministerio de Producción de Entre Ríos, que en el primer encuentro de productores hortícolas de Entre Ríos, realizado el año pasado en Villaguay, describe a la importación de productos de provincias vecinas y a la falta de competitividad como los principales factores sobre los que se debe trabajar en un sector donde impera la atomización y la falta de integración entre los eslabones.

El Programa Minifundio busca agrupar a un puñado de de familias “de la zona urbana y periurbana de la ciudad de Victoria y de Rincón de Nogoyá, para transformar huertas familiares en comerciales y poder captar recursos económicos que anualmente se van de la ciudad a los mercados de Rosario, Santa Fe y Paraná”.

Dentro de este trabajo se llevó a cabo el relevamiento que permite advertir que los aproximadamente 40 mil habitantes que tiene esta ciudad del sur entrerriano adquirieron 50 categorías de frutas y verduras, hortalizas incluidas, en las que se incluyen desde papas y verduras de hojas verdes, hasta las consideradas especies como tomillo y romero, pasando por los citrus y otras frutas como manzanas y bananas que no se producen en Entre Ríos.

El informe habla de “recursos que emigran de Victoria por frutas y verduras consumidas en nuestra ciudad por un total de $ 41.140.183 por año”, y asegura que se “se podrían capturar por la producción de frutas y verduras producibles en nuestra ciudad $ 38.582.248 al año, en tanto que se podrían capturar por la producción de hortalizas producibles en nuestra ciudad $ 23.476.747 al año”.

La diferencia en números radica en que el informe contempla huevos y otros productos de granja que se producen en la provincia.

Los profesionales encararon un trabajo para que las familias ubicadas en el cordón hortícola de Victoria puedan dedicarse a producir productos frescos que se importan, y entre ellos ubican a: acelga, espinaca, lechuga criolla, arrepollada, repollo, achicoria

rúcula, zanahoria, remolacha, rabanito, papa, cebolla, cebolla de verdeo, puerro y tantos otros como berenjena, arvejas, habas y zucchini, entre otros.

El gerente del Mercado Concentrador El Charrúa, relativizó la preocupación pero confirmó que existe una tendencia y que es necesario trabajar sobre la cadena con una política de Estado que congregue a todos los eslabones, pero que especialmente aborde el déficit de comercialización.

Para Mauro Muller, a partir de percepciones porque no hay estadísticas ni públicas ni privadas, “se ha producido un crecimiento demográfico en los últimos 10 años que fue acompañado por un crecimiento del consumo en frutas y verduras, y la particularidad de nuestra zona es que hay productos que no se producen ni se van a producir. No hay que preocuparse, hay que ocuparse, del mismo modo que en Entre Ríos no se producen autos y los entrerrianos usamos autos. Manzanas y peras nunca vamos a producir, aunque se están experimentando algunos productos”, afirma el ejecutivo.

Como muestra, Muller pone un ejemplo clarificador: “En la zona será muy difícil producir papas, pero hace 10 años ingresaban a El Charrúa unos 10 equipos de papa por semana, y hoy están ingresando unos 30 equipos. Esto no significa que estamos perdiendo, sino que creció el consumo”, ilustra.

De todas maneras, entiende que se debería trabajar en reemplazos que la zona permite producir, como el durazno tempranero que se está haciendo en Chajarí, y que no compite con el de Mendoza, que llega más tarde.

“De todas maneras –reflexionó– no debemos dejar de trabajar sobre la intermediación, que muchas veces el Estado mira con ojos de pocos amigos, porque en la cadena hay operadores que generan empleo y no olvidar la mano de obra del flete, la descarga, y aporta crecimiento, como síntoma de un mayor consumo”, aportó.

Si se realiza la proyección arbitraria del número de habitantes y del déficit productivo, Paraná tiene una cifra mucho mayor de importación de frutas, verduras y hortalizas que llegan de Santa Fe y otros lugares, porque “en estos productos estamos un poco estancados con la oferta propia, y se pueden advertir algunos establecimientos que buscan compensar el escaso volumen, pero son esporádicos y con dispar regularidad”, entiende Muller.

Esto confirma que hace varios años se carece de un plan estratégico, y recién el año pasado la Dirección de Cadenas de Valor, con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), conformó una Mesa Hortícola Provincial, intentando salvar la desarticulación que posee la cadena.

En esto coinciden los actores que aseguran que no es un problema sólo del Estado, sino de una necesidad de reconversión del sector, pero no sólo en la producción sino también “en los eslabones de la comercialización”, se postula.

“En otras provincias hubo un crecimiento importante, como La Plata o Mar del Plata que antes no existían y hoy tienen un gran posicionamiento en el país. La diferencia entre Victoria y Paraná es que nosotros tenemos mercado concentrador y ellos no, entonces la influencia de Rosario es mayor. Nosotros recién estamos equilibrando la balanza con Santa Fe y podemos decir que estamos un 50% a 50%, pero de nuestro 50% hay que considerar la parte que llega de otros lados como de Mendoza y otros lugares”, precisó Muller, con lo que habría que inferir que Paraná importa al menos el 75% de lo que produce, y sólo se pueden conseguir de la zona las verduras de hojas verdes, alguna verdura como zapallitos, zanahoria, berenjena y algún otro y los citrus que llegan del norte provincial.

Que a nadie asuste si, a la hora de un relevamiento serio y sistemático de nuestra zona, arroje el resultado que en Paraná se importa más de 100 millones de pesos al año.

Una buena foto de esta película la brinda el atardecer en el Túnel Subfluvial, donde las camionetas y camiones que llegan del otro lado del charco se cuentan por decenas.

“Compramos el 80 % de lo que consumimos”

Juan Valiente es el gerente de la Mesa Hortícola de Entre Ríos, herramienta lograda dentro la estrategia de la Dirección de Cadenas de Valor.

El profesional vive en Colón y asegura que entre el 75 % y el 80 % de lo que consumen los entrerrianos en materia de frutas y hortalizas se produce fuera del territorio provincial, pero considera que son exagerados los valores que muestran el estudio sobre Victoria.

Sin embargo entiende que no existen datos estadísticos, y que “estos deben hacerse rápidamente y deben ser oficiales”.

Sin embargo, Valiente cree que los porcentajes no son errados, ya que “en un 75% a 80 % de la frutihorticultura que se consume en Entre Ríos proviene de otras provincias: Corrientes, Santa Fe, y Buenos Aires que recibe de otras. Pero también de Mendoza, San Juan y Santiago del Estero.

Para el especialista, es factible revertir la tendencia pero –a su juicio– existen un par de puntos clave que hay que cambiar: a) la fuerte y arraigada cultura de los productores hacia los granos y la carne que hace mirar con cierto desprecio a los cultivos intensivos como la batata que tiene muy buena rentabilidad y es una gran alternativa; y b) debe existir un programa sistemático que incluya estímulos y acompañamiento financiero y técnico para ayudarlos a cambiar de actividad porque cuesta que cambien de cultivo.

Valiente pone un ejemplo muy gráfico: “Entre los departamentos de Colón, Concordia, Federación y Concepción del Uruguay deben existir no más de 20 establecimientos dedicados al tema, sin embargo existen más de 20 mil hectáreas en manos de establecimientos de menos de 20 hectáreas y está mostrando que no hay otras alternativas; pero siguen sembrando trigo porque continúan teniendo en la cabeza la producción extensiva porque toda la vida hicieron grano; o consideran que pueden tener 20 vacas, pero no es rentable y quizá pueden vivir mejor con establecimientos chicos de producciones hortícolas, nuez pecán, apicultura u olivos”, expresa el profesional.

Pero, en el mismo sentido, Valiente entiende que “los productores deben sentir que el Estado los está ayudando a conseguir financiamiento así como ayuda a los ganaderos o subsidia a la avicultura para que vendan pollos. Hay que armar planes a medida para financiar esta gente para que cambie esta actividad”, expresó.

Valiente entiende que también existe una atomización en los productores y “no son adeptos a juntarse y compiten todos contra todos”, advierte, y agrega que “hay que transmitir a pequeños productores el concepto de trabajo asociativo y con seguimiento profesional porque esta gente no tiene posibilidad de pagar honorarios de profesionales y debe ser el Estado quien debe estimular con créditos y subsidios a los pequeños productores, porque tenemos que cambiar la mentalidad”, reseñó el gerente de la Mesa Hortícola de Entre Ríos.

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