La Provincia asegura que alcanzan los dedos de ambas manos para establecer la cifra de los desesperados. Y que son los mismos de siempre los que terminan acorralados, sea mucha o poca la coparticipación.
El número de intendentes sin estado físico difiere según quien los cuente. Para el Foro de Intendentes Radicales, el 30 por ciento está muy complicado (alrededor de 130) y otro porcentaje similar rasca las piedras. Sus pares del justicialismo, en cambio, creen que no son más de 60 los comprometidos.
El Gobierno provincial, por su parte, asegura que alcanzan los dedos de ambas manos para establecer la cifra de los desesperados. Y aclara que “son los mismos de siempre”, una especie de club de gastadores seriales que todos los meses tocan la puerta y que siempre terminan acorralados, sea mucha o poca la coparticipación.
Lo que está claro para todos es el contexto como denominador común. De arriba hacia abajo, el reparto de recursos se ha ido deshilachando al ritmo de un menor crecimiento económico.
El primer impacto viene desde la Nación: la distribución automática de fondos subió, en los últimos dos meses, entre 16 y 17 por ciento, es decir, por debajo de la inflación real. Además, los municipios están marginados de la reedición del Fondo de Financiamiento Educativo.
La segunda etapa se mide por la recaudación provincial, que muestra un mejor comportamiento que la nacional –subas impositivas y moratorias de por medio–, pero igual aumenta casi 10 puntos por debajo del año pasado.
En el último eslabón, aparecen los municipios y comunas, a los que esta vez la Provincia no copió la extensión del período de prórroga que la Nación otorgó en el marco del plan de refinanciamiento de deudas. Y si bien la mayoría aumentó sus tasas, no fueron pocos los que quedaron enfrascados en la inercia de un gasto público electoral que quedó totalmente desfasado apenas terminó el verano.
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