Tanto la presidenta de la Nación como el gobernador santafesino hicieron valer su preeminencia electoral para determinar las estrategias de sus partidos. Un escenario en construcción, con algunas sorpresas.
El temperamento adoptado por la primera mandataria quedó claro en los anuncios más comentados del sábado pasado. Por empezar, haber elegido para vicepresidente a Amado Boudou, un exucedeísta cuyo principal mérito -antes que su inexistente militancia partidaria, su desconocida brillantez técnica o su hipotética capacidad para traccionar votantes- es la fidelidad incondicional y sin matices.
Es el mismo mérito, además de la funcionalidad para confrontar con “las grandes corporaciones mediáticas”, que exhibe Gabriel Mariotto, cuya postulación a la vicegobernación de Buenos Aires importa tanto un estruendoso “ninguneo” a Daniel Scioli, como el haberle impuesto un verdadero comisario político en el riñón de su eventual nuevo mandato.
Ni transversalidad, ni pejotismo
Lo propio sucedió con las listas para diputados del Frente para la Victoria en los principales distritos, donde primó claramente la elección de dirigentes profundamente identificados con el proyecto presidencial -al punto que los medios nacionales vieron aquí no ya una manifestación de kirchnerismo, sino de neto y puro “cristinismo”-, en desmedro de la alternativa de recurrir a políticos tradicionales del Partido Justicialista y el sindicalismo oficial, como había hecho Néstor luego del fracaso de la transversalidad. De esta manera, las nóminas aparecen pobladas de jóvenes de escaso o nulo conocimiento público -la mayoría integrantes de la agrupación La Cámpora- y apenas matizadas con cegetistas notorios como Facundo Moyano y Julio Piumato, en puestos relegados.
La impronta “cristinista” también quedó definida en Santa Fe. La nominación de Omar Perotti para encabezar la lista buscó sumar rostros conocidos a la imagen de la unidad del peronismo provincial, pero fue una decisión de la presidenta y le aseguró un candidato que no pertenece a las filas del triunfador Agustín Rossi, ni es referente de la estructura orgánica del partido en la provincia.
La mandataria accedió al pedido de Agustín Rossi y puso a Claudia Giaccone en el segundo puesto, pero reservó el tercero para La Cámpora, con Marcos Cleri y el cuarto para Oscar “Cachi” Martínez, no por su participación electoral en el sector de Rafael Bielsa, sino por ser estrecho colaborador de un hombre muy cercano a ella -al punto que sonaba para vice-, el senador santacruceño Nicolás Fernández.
De la misma manera, no le tembló la mano para excluir a Alejandro Rossi, hermano del candidato a gobernador, y a Gustavo Marconato, otro dirigente que tampoco montó una estructura propia en todos estos años y restringió su actividad política a representar al gobierno en la Cámara. En sincronía con el esquema planteado en otros distritos, para el moyanismo quedó reservado un poco expectable sexto puesto, en la persona de Juan Carlos Schmid, que prefirió renunciar.
Novedades en el frente
En tanto, la lista de candidatos a diputados nacionales del Frente Amplio Progresista también dio cuenta del binnerismo más cerrado, al punto que quizá no sería desacertado acuñar el término “hermetismo”. Aunque sin ninguna duda era una ecuación difícil hallar lugares no sólo a los dirigentes más afines al mandatario, sino también al resto del socialismo y a los demás partidos que acompañaron la candidatura de Antonio Bonfatti en las primarias provinciales, la postergación de que se hizo objeto al sector de Rubén Giustiniani -y que motivó también su alejamiento- se convirtió en un ostensible “pase de facturas” por la confrontación interna y en una acción coherente con el propósito de consolidar una posición hegemónica.
Así, el tablero político muestra una serie de movimientos que capitaliza jugadas previas y organiza las piezas para asegurar enclaves, preparar el próximo asalto y salir de él con las fuerzas lo mejor posicionadas que sea posible. La sucesión de instancias electorales que todavía se avecina serán la oportunidad de poner a prueba las estrategias y proyectarlas a futuro.
Todo bien
El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, admitió hoy que la Confederación General del Trabajo (CGT) quería “más” lugares en las listas para las elecciones que los que le asignó el Frente para la Victoria a sus postulantes para el Poder Legislativo nacional. Sin embargo, negó que la central obrera se haya distanciado del gobierno nacional, al insistir con que la presidenta Cristina Fernández continúa convencida de que la CGT es “la columna vertebral del movimiento”. Del mismo modo, el flamante candidato a senador por Buenos Aires -otro adversario de Scioli que irá adherido a su boleta- negó que el kirchnerismo haya relegado al peronismo encarnado en los intendentes justicialistas de esa provincia.
Bajas y sorpresas
El FAP de Binner terminó dividiendo aguas con Pino Solanas, pero sumó enojados de otros lados. Así, en Buenos Aires lo acompaña un sector escindido de la Coalición Cívica -en desacuerdo con la postulación de Llambías-, con Sebastián Cinquerrui como candidato a diputado, y de la UCR -disconformes con De Narváez-, con Sandra Riobóo para senadora.
Puntano al ciento por ciento, Adolfo Rodríguez Saá vuelve a ser candidato a gobernador, pero esta vez de Buenos Aires. El propósito es aportar a la candidatura presidencial de su hermano Alberto y el anclaje legal, el hecho de que tiene domicilio en Junín, en la casa de una exesposa. Igual, también se postula para la reelección como senador por San Luis.
El ex fiscal Pablo Lanusse y la periodista Fanny Mandelbaum son dos de los candidatos sorpresa que aparecieron en el cierre de listas; en este caso, en la lista de diputados de Capital Federal alentada por Francisco De Narváez. El empresario, por lo demás, se impuso a los radicales en las nóminas del distrito.


















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