Entre certezas e incertidumbres

Si la oposición es lo que mostró en el Senado cuando el tratamiento del matrimonio entre personas del mismo sexo -más allá del resultado, que para nuestro criterio debió ser algo merecedor de un análisis más profundo y alejado de todas las presiones que se manifestaron desde ambas partes-, es muy probable que las elecciones del año que viene las gane Néstor Kirchner. Aunque, también debe decirse, no es este el único factor de peso, sino también varias señales positivas de la economía, la cual -vaya paradoja- está fundamentalmente sostenida por la producción del campo, con el yuyo de la soja como estandarte.
Justamente, el mismo sector al que hace poco más de dos años el kirchnerismo lo había declarado como su enemigo público número uno, lo fue una confrontación sin sentido que terminó lastimando a los dos bandos.

Aún hoy, el kirchnerismo no pudo reponerse de aquella refriega, cuya consecuencia mayor había sido consolidar a una oposición que andaba desperdigada y sin rumbo -tal como ahora volvió a serlo, al punto de haber dejado casi en el olvido el 28 de junio-, pero que además, y por sobre todas las cosas, puso al desnudo las metodologías de confrontación y agresión, en definitiva, lo que tanto rechazo provocó en la gente. A tal extremo que hoy, el principal temor de Kirchner es el balotaje, pues ahí, según tanto encuestas ajenas como propias, sus chances serían nulas al irse amalgamando todo el resto en su contra.

Razón que hace que todo el poder de fuego del kirchnerismo esté enfocado en la primera vuelta, donde NK pretende llegar al piso del 40% y que el segundo ubicado quede a más de 10 puntos, con lo cual evitaría la temida segunda vuelta. Pero claro, aunque está en remontada, el objetivo está todavía lejano, pues ninguno de los sondeos lo muestran por encima de los 25 puntos de intención de voto.

La perspectiva es al menos incierta, pero uno nunca sabe. Hay cosas de mucho peso y significación tanto a favor como en contra. En política todo suele ser muy movible, y especialmente aquí en nuestro país, donde la inestabilidad es tan cambiante en materia de sufragios Que la mitad de la población se encuentre en situación de pobreza luego de todos estos años en que el caballito de batalla tuvo como meta la búsqueda de una más equitativa distribución de la riqueza, suena como la sonoridad de una cachetada. Y más chocante aún cuando la fortuna del matrimonio K sigue creciendo sin parar, sin darse por enterada de las crisis, de los sacudones financieros o todos los demás tembladerales que vivió el mundo. De 6 millones que tenían en 2003 pasaron ahora a casi 60 -declarados se entiende-, y eso que entre gobernar, actos y viajes por el mundo, no les debe dejar mucho tiempo para los negocios.

Pero tal vez, cuando de agresiones hablamos, más los perjudiquen los métodos patoteriles y violentos de Guillermo Moreno, quien junto al -nada menos- que titular de la Sindicatura General de la Nación, Daniel Reposo, se trenzaron a golpes y sillazos con un director de Papel Prensa y su abogado. ¿De qué vale que suban las reservas hasta un techo récord si después se trata de tener la razón a los golpes? Justamente esto, más la instauración del divisionismo como sistema fijo, es lo que mayor temor infunde. Es que aquí no existen los grises, todo es blanco o negro. Amigos o enemigos, no se admite otra posibilidad. Y esa fórmula, aplicada a rajatabla, es justamente lo que genera el rechazo, mucho más allá de la economía. La cual, aún con esos buenos indicadores que mencionamos, tiene algunos temas muy fuertes por resolver: la inflación, la falta de inversión y el exceso del gasto público.

En cuanto a esta debilitada oposición, que no soporta aprietes, presiones y tal vez alguna otra clase de tentaciones -de esas que suelen pasarse por debajo de la mesa-, nos muestra una disgregación alarmante en la cual entraron a tallar las apetencias personales. Y no sólo eso, sino también se agrega, en el caso de Macri, esta gravísima complicación judicial que es su procesamiento. El atenuante que tiene es que quien estuvo detrás de la causa es el devaluado juez Oyarbide, pero ahora la ratificación provino desde la Cámara y el margen de escape se reduce muchísimo.

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