El domingo pasado el diario Clarín publicó que varios presos detenidos en cárceles federales fueron liberados durante horas, en los últimos meses, para participar en eventos políticos disfrazados de actividades culturales, organizados por la agrupación Vatayón Militante, afín al Gobierno nacional.
Los presos en Argentina suman unos 70.000, de los cuales alrededor de 60.000 corresponden a los ámbitos provinciales. Es importante destacar que las salidas de los detenidos están previstas y reglamentadas en la ley 24,660 que establece que siempre deben estar autorizadas por la Justicia.
Debemos resaltar que las cárceles arrastran una serie de problemas estructurales vinculados con la tortura como una práctica generalizada, con situaciones de violencia, superpoblación, hacinamiento y vulneración de derechos de las personas detenidas, mientras la Constitución dice que no tiene que ser un lugar de castigo sino que debe servir para reinsertar a los presos en la sociedad.
La polémica se desató, aún más, porque uno de los reclusos, que tuvo su salida transitoria, fue Eduardo Vázquez, el ex baterista de Callejeros, condenado a 18 años de cárcel por el asesinato de su esposa, Wanda Taddei, a la que quemó viva. Los padres de la joven pidieron explicaciones y cuestionaron la decisión del Juez.
Ante esto se realizaron varias encuestas, las cuales sostienen que esta decisión de la Justicia abrió un enojo importante en la sociedad, que poco confiaba en ella. La mayoría de las personas quiere que los detenidos estudien, trabajen y se reinserten, pero no está de acuerdo que personas como Vázquez, o violadores tengan salidas transitorias, manifiestan que son personas peligrosas y difíciles de reinsertar.
Para finalizar es importante decir que es saludable que haya tareas de reincersión social y de no aislamiento, que se dicten cursos de los tres niveles de enseñanza para promover el proceso de resocialización de los reclusos, pero las salidas deberían limitarse según la peligrosidad del detenido. Igual debemos dejar en claro que los presos no salen sin control, ni autorización, que existen personas que los supervisan.
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