Enfurecido, Obama dijo: "EE.UU. sigue siendo AAA"

Le respondió así a Standard & Poor's por la rebaja de la calificación; pidió que se dejaran de lado intereses partidistas para poder solucionar la crisis
El presidente Barack Obama minimizó ayer la decisión de la calificadora Standard & Poor's de rebajar la nota de confianza crediticia al país y afirmó que, "más allá de lo que diga una agencia, Estados Unidos es y seguirá siendo" un país con la nota AAA.

Pero si su intención fue llevar calma en un lunes negro, el gesto no alcanzó, ya que los mercados cerraron con fuertes pérdidas, empezando por Wall Street, que agudizó su caída al mismo tiempo que Obama hablaba, y vivió la peor jornada desde diciembre de 2008, en plena crisis por la quiebra de Lehman Brothers.

"Fue uno de los peores días desde la debacle de 2008", dijo Ted Weisberg, uno de los operadores más veteranos de Wall Street, tras comparar la volátil jornada con los días del terremoto financiero generado por la llamada burbuja hipotecaria. "Creo que el nerviosismo aún no ha terminado", añadió.

Serio y sin aceptar preguntas, Obama compareció por primera vez desde que la agencia rebajó la nota norteamericana. Su discurso se atrasó casi una hora sobre la agenda inicial, lo que generó nerviosismos de última hora. Fuentes de la Casa Blanca afirmaron que hay indignación y furia por la reducción de nota que aplicó la calificadora.

"Los mercados van a subir y van a bajar, pero esto es Estados Unidos: no importa lo que diga una agencia, nosotros siempre fuimos y seguiremos siendo un país AAA", dijo el presidente con tono desafiante.

Si bien admitió que la economía del país está "pasando un momento duro" por las consecuencias de la recesión, y con un índice del desempleo del 9,1%, Obama afirmó que el crédito norteamericano es "sólido", a pesar del reporte de S&P. El mandatario también admitió que la situación de "déficit y de deuda" del país "es un problema", pero que la buena noticia es que puede solucionarse si sólo se aplica "voluntad política".

"No necesitábamos que una agencia de riesgo crediticio nos dijera que no ha sido constructiva la parálisis [política] en Washington durante algunos de los últimos meses", dijo Obama.

En realidad, el presidente no se apartó mucho de lo que viene diciendo en los últimos días. Esto es: que hace falta un compromiso político para superar la crisis fiscal sobre la base de "reducir el gasto y aumentar un poco los impuestos".

"A esta altura, uno puede preguntarse qué más puede hacer el presidente y no parece haber muchas opciones", dijo Jeremy Siegel, de la Wharton University, en Pensilvania.

"El repite su llamada al diálogo y al compromiso, pero no se ve mucho cambio en el clima político", añadió. De hecho, los republicanos rechazaron casi en el acto la invitación presidencial.

"El país necesita crecimiento económico con responsabilidad fiscal, no impuestos más altos y nuevos gastos y regulaciones en Washington", dijo el presidente de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell.

El legislador insistió así en su postura de evitar un aumento de impuestos. "Si queremos generar empleo, necesitamos reducir el peso de las regulaciones, prevenir el alza de impuestos y hacer más fácil -no más difícil- a los empresarios la reanudación de contrataciones", añadió.

El país acaba de evitar un default gracias a un acuerdo de último momento entre republicanos y demócratas para elevar el techo del endeudamiento y aplicar un primer recorte al gasto por 917.000 millones de dólares.

Pero aún falta que el Congreso diga dónde se recortarán 1,5 billones de dólares más. "Tenemos que poner lo mejor de nosotros y dejar de lado el interés partidista [para hacer esa tarea]", dijo Obama.

"Aquí están las buenas noticias. Nuestros problemas tienen solución. Y sabemos qué es lo que tenemos que hacer para alcanzarla", añadió. Sin embargo, mientras Obama llama a la concordia, la capital del poder está crispada por el enfrentamiento.

El único que bajó ayer un poco el tono fue el precandidato republicano Mitt Romney, que se retractó de sus expresiones de días atrás en el sentido de que Obama era el "único culpable" de la crisis de deuda en el país. "Hay algunos de nosotros que también contribuyeron", admitió.

Durante la gestión del ex presidente George W. Bush, la deuda norteamericana se duplicó, para terminar en 10,8 billones de dólares. En poco más de dos años de gobierno demócrata, superó ya los 14,2 billones.

La Casa Blanca insiste en que la rebaja de la nota fue más que nada política. "No hay justificación económica para ello", dijo el vocero presidencial, Jay Carney.

S&P justifica la medida "con la teoría de que Washington podría deliberadamente rehusar pagar su deuda por una impasse política. Pero no sé qué los hace expertos en esto", dijo, por su parte, el representante demócrata Brad Sherman, un miembro del comité de servicios financieros de la Cámara.

"El principal trabajo de S&P es evaluar a los emisores privados, y tienen algo de especialización en eso, aunque obviamente se equivocaron bastante respecto de los créditos basados en hipotecas", añadió.

"Me resulta interesante ver que S&P está tan atento para reducir la nota crediticia de Estados Unidos", dijo el senador independiente Bernie Sanders. "¿Dónde estaban hace cuatro años?", añadió, en una clara referencia a que no redujo la calificación del banco Lehman Brothers hasta el mes de su desaparición.

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