La enfermedad de Lugo, un golpe a la gobernabilidad

Uno de sus logros es convivir con un Congreso opositor; ahora crecen las especulaciones
Cuando Fernando Lugo asumió la presidencia de Paraguay, en 2008, pocos confiaban en que la heterogénea coalición que le permitió poner fin a más de seis décadas de hegemonía del Partido Colorado sobreviviría más de un año.

En 2009, la Alianza Patriótica para el Cambio (APC) demostró que, pese a algunas fisuras, podía mantenerse en pie. Pero entonces, los escándalos que estallaron por las demandas de paternidad dejaron al ex obispo al borde del juicio político.

Ahora, cuando a dos años de mandato la gobernabilidad parecía asegurada, la noticia de que Lugo sufre un cáncer linfático ha vuelto a poner en duda la continuidad de Lugo en el cargo, al tiempo que se multiplican las especulaciones sobre el futuro.

"Todos los políticos han sido muy cautelosos con respecto a su enfermedad y han prometido respetar las instituciones democráticas. El problema es que el cáncer del presidente ha revelado lo mucho que el gobierno depende de su figura", opinó a LA NACION la analista Milda Rivarola, según la cual Lugo construyó "una suerte de gobierno colegiado de gabinete" que, sin su presencia, deberá empezar otra vez desde cero.

Justamente, uno de los grandes logros que muchos expertos le adjudican al ex obispo en estos dos últimos años es el de haber construido una significativa cuota de gobernabilidad, una tarea nada sencilla para un presidente con un Congreso opositor y sin un partido propio.

"En 2009, la mayoría de los actores políticos hablaban de cuándo se iría Lugo. Con el correr del tiempo, sin embargo, Lugo logró negociar con distintas fuerzas políticas y, si bien tuvo que tragarse muchos sapos, hoy existe un consenso generalizado de que el presidente va a terminar su mandato", siempre y cuando la enfermedad no interceda, dijo a LA NACION Francisco Capli, director de First Análisis y Estudios, la principal encuestadora del país

El mismo optimismo expresó a LA NACION el analista Alfredo Boccia Paz, según el cual "dos años sin grandes turbulencias es un gran avance para un país que vivió seis décadas de hegemonía colorada -incluida una dictadura de 35 años- y un gran logro para el primer gobierno real de transición". Mientras la salud de Lugo no afecte sus funciones, "la democracia no corre peligro en Paraguay". "La gente se está resignando a que habrá que cambiar de gobierno, pero recién en 2013", agregó.

Deudas pendientes

Gobernabilidad aparte, la gestión del presidente Lugo, que ayer regresó a Asunción tras someterse a quimioterapia en San Pablo, afronta más de una crítica.

"Alguien que cree en la eternidad nunca tiene apuro." Para muchos paraguayos, ésa parece ser la máxima del gobierno de Lugo, cuyas promesas de cambio, a dos años de su asunción, siguen siendo eso: promesas.

El propio Lugo reconoció, en abril, en el marco de los festejos por su histórico triunfo, que "la capacidad de las instituciones estatales no estuvo a la altura de los pedidos y expectativas" que se crearon en la ciudadanía en 2008. "Pese a ello -señaló-, hubo avances y una gran mayoría mantiene intacta la esperanza del cambio."

Los "avances", sobre todo en materia de salud y asistencia social, son casi indiscutidos: el gobierno concretó una reforma del sistema de sanidad que hoy brinda, por primera vez, atención gratuita y universal a todos los paraguayos, y puso en marcha una red de asistencia para las familias ubicadas en la franja de extrema pobreza. En un país donde se estima viven 40% de pobres y 20% de indigentes, estas medidas son sumamente significativas.

La "esperanza del cambio", sin embargo, se diluyó casi por completo, y reflejo de esta creciente descontento y desilusión es el nivel de aprobación de Lugo, que pasó del 90%, cuando asumió el cargo, a apenas un 50%, según encuestas recientes.

"No es que Lugo no haya hecho nada en estos dos años, sino que lo que hizo fue poner parches donde se esperaba mucho más", resumió a LA NACION el analista Marcelo Lachi. "Hay un cambio de actitud gubernamental. Hay también más lugar para los sindicatos y para algunos grupos sociales. Pero el Estado deficitario no desapareció. Podemos hablar de diferencias, pero no de cambios estructurales", agregó.

Para muchos, el ambicioso programa electoral de Lugo terminó siendo un arma de doble filo, porque generó expectativas difíciles de cumplir.

La realidad es que los tres principales compromisos de su campaña -la reforma agraria, la soberanía energética y la lucha contra la corrupción- aún no se han cumplido y en algunos casos, ni han empezado.

"La reforma agraria es, por lejos, el fracaso más rotundo del gobierno. Ni siquiera se hizo un catastro nacional de tierras. En cuanto a la renegociación con Brasil del tratado de Itaipú, si bien es cierto que hay un proceso en marcha, los resultados aún están por verse", afirmó Capli.

En julio de 2009, Lugo se reunió con su par brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, y logró que éste accediera a aumentar de US$120 millones a US$360 millones anuales la compensación que Paraguay recibe de Brasil por la cesión de su energía. El acuerdo fue calificado de "histórico" y celebrado por el gobierno luguista. Pero un año después, el acuerdo aún no fue ratificado por el Congreso de Brasil, y permanece congelado.

La lucha contra la corrupción parece ser el proceso que más avanza. "La percepción es que se roba menos. Los altos cargos están mayormente ocupados por personas respetables. Y, al menos por ahora, a Lugo se lo ha acusado de casi todo, salvo de corrupto", dijo Capli.

Con este panorama, los desafíos del gobierno son los mismos que dos años atrás. Y, con un Congreso opositor, los tan mentados cambios de Lugo parecen esfumarse cada vez más.

Comentá la nota