Por ALCADIO OÑA
El relevamiento fue hecho por la Universidad Católica y Gallup Argentina, entre el 22 de julio y el 1° de agosto. Y abarcó a 1.005 personas de 126 localidades de todo el país, o sea, un universo amplio.
Para empezar, lo que se conoce de sobra: la economía. El Indice de Expectativas (favorables) resultó uno de los más altos de la serie histórica , sólo superado por el muy reciente de marzo pasado. Y el piso ancla a comienzos de 2009, en las vísperas de la derrota del kirchnerismo . En un punto y el otro, la encuesta coincide con lo que ocurrió.
El indicador que mide la situación actual dice que está un 24,5 por ciento mejor que hace un año. Y arroja un aumento del 14,2 % en el poder de compra.
Aun así, varias claves asoman en los detalles. La tercera parte de los encuestados prevé que el panorama será más favorable en los próximos seis meses y apenas un 13 % cree que empeorará.
Hay otros datos sobre lo mismo, tal vez de una ponderación mayor. El 41 % de las opiniones positivas – asociadas desde luego a la gestión de Cristina Kirchner – proviene de las clases sociales bajas y un 33 % de las altas. Además, prevalecen las del Gran Buenos Aires , por encima de las de la Capital Federal y muy por encima de las del interior.
Algo muy semejante aparece cuando se va al lugar de las opiniones positivas sobre el empleo . Las mayores se concentran, nuevamente, en los sectores de menores recursos y en el GBA. Y son elevadas entre quienes sólo tienen educación primaria . Hacia los próximos seis meses, también es importante el porcentaje que imagina un crecimiento en la creación de trabajo, aunque son mayoría quienes no prevén cambios.
Sin embargo, aquí salta un detalle ya no tan alentador para el Gobierno. El 27 % de los consultados afirma que existe mucha o bastante ocupación disponible, pero un 34 % la considera poca o muy poca .
Ahora, el turno de los ingresos . En el espacio que reporta las mejoras, pesan los jóvenes , la clase media y, otra vez, el GBA.
También está presente, en el relevamiento, aquello que los economistas llaman bienes de consumo durables. Esto es, el voto cuota en el menemismo y ahora la compra de electrodomésticos, electrónicos o automóviles, alentada por largos planes de pago y por el bajo rendimiento de los plazos fijos.
El 28 % evalúa que todavía es un buen momento para esas inversiones, pero un porcentaje apenas menor opina que la oportunidad es mala o muy mala.
Claro que al interior del cuadro quedan registradas las diferencias en los ingresos de cada cual: a mayor poder adquisitivo, más inclinación por los equipos. Entre la clase alta y la media reúnen el 58 % de la propensión a comprar y sólo un 22 % cuenta en la capa de bajos recursos.
La traducción revela las desigualdades: anchas franjas advierten que la mejoría en su situación no es suficiente como para embarcarse en gastos futuros importantes. Da, simplemente, para levantar cabeza y seguir tirando.
Finalmente, el sondeo sobre las prioridades económicas. Y aquí el horizonte pinta menos favorable.
Encabeza el ranking, la necesidad de crear empleo , generalizada en todos los espacios sociales. La sigue el control de la inflación , que va en aumento, aunque la preocupación es mayor en los niveles más altos que en los bajos. Y luego la lucha contra la pobreza .
Los económicos no son, desde ya, los únicos factores que han decidido en el voto del 14 de agosto. Aun así, surge evidente de la encuesta el peso que tienen los sectores de menores recursos, el Gran Buenos Aires y los jóvenes. Al menos en este turno electoral y seguramente en el próximo.
Por fuera, abundan inconsistencias en el modelo que el propio Gobierno conoce. Pero ese turno llegará después del 24 de octubre. Y como nadie espera otra cosa, le tocará al kirchnerismo .

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