Funcionarios, empresarios, agentes de bolsa y militantes de La Cámpora compartieron los discursos en la Bolsa donde se anunció la cancelación del último pago del Boden 2012. Pocos aplausos y hasta cierta apatía en los hombres del mercado
julián guarino.
Bastaba hacer 100 metros entre el abigarrado auditorio concentrado en el salón principal de la Bolsa para tener una muestra de cuál era la expectativa: poca. De todas formas una mirada rápida desmentía de plano esta idea. Es que los invitados colmaban ya las instalaciones y aún otros pugnaban por entrar. En las márgenes, los encargados del catering escondían los saladitos de la confitería Ciervo de Oro para cuando se desconcentren los invitados. Adentro, una veintena de cámaras de televisión se extendía y ya apuntaba al escenario.
Un grupo de 200 militantes de La Cámpora iza en ese momento no menos de 50 banderas con los colores celeste y blanco: le pelean a la lluvia, pero más le riñen a la seguridad de la Bolsa que no los deja pasar; los hombres de gris piden las invitaciones. No falta por allí la figura del Nestornauta. Más adelante, lograrán franquear el acceso.
La presidenta ya está en el primer piso del edificio de la Bolsa donde la recibe Adelmo Gabbi. Faltan apenas unos minutos para que la inviten a tomar su lugar en el escenario principal, y quienes aguardan pacientemente en la planta baja se concentran en los rumores: ¿Suben las retenciones al agro? ¿Reforman la Ley de Oferta Pública? Pocos hablan del Boden 2012, el protagonista del encuentro. Nadie se identifica como tenedor de un bono.
Empresarios, agentes de bolsa, algún banquero, hombres de negocios, se muestran poco permeables a la tibia expectativa generada. En rigor, sudan apatía. Paradójicamente, muchos señalan que, de haber podido, otros conocidos de ellos se hubieran hecho presente: no hubo invitación para todos porque no hubo lugar. Hubo que mandar muchas invitaciones a Gobierno, por eso una parte del mercado se quedó sin entrada, dice un ex funcionario de la Bolsa. Problemas para importar insumos, cepo al dólar, falta de negocios en bolsa, suba de las retenciones al campo; el mosaico de temas que sobrevuela las conversaciones de los presentes se repite.
Piedra libre entonces para el economista Mario Blejer, (visiblemente afectado por un jet lag europeo) que habla amistosamente entre los presentes, al tiempo que el presidente del HSBC, Gabriel Martino saluda a Claudio Cesario de ABA y el secretario Guillermo Moreno busca afanosamente las escaleras para alcanzar el vip.
Mientras tanto, el jefe porteño Mauricio Macri se instruye, por primera vez, sobre el camino que lleva al despacho de Adelmo Gabbi donde ya está Cristina Fernández.
Pasan 20 minutos, media hora. El viejo recinto de operaciones que sirve de salón principal se va llenando, como nunca. Hay caras conocidas pero muchas más que se quedan estudiando por primera vez las portentosas columnas de mármol. Arriba, unos 200 invitados vip van apagando sus comentarios y comienzan a bajar. Hay quien se pelea por hablar con Macri después de haber saludado a Cristina no quiero que me tilden de oficialista, dice, cuando cumple su objetivo. ¿El gran ausente? Amado Boudou, sin duda. ¿Y Marcó del Pont?... tampoco está. Son cuatro o cinco grandes grupos de personalidades que pisan a buen ritmo la alfombra roja que lleva al sector más cercano al escenario. Afuera, unas cien personas que se identifican con banderas de La Cámpora quieren entrar. Después de diez minutos de forcejeos con la seguridad de la Bolsa, logran pasar: las banderas no, exige la seguridad. Finalmente unos doscientos militantes logran atravesar los dos controles y se ubican entre los presentes. Después llega finalmente Cristina, Gabbi, Scioli, Macri. La hora de los discursos pone primera.





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