Hace ya varios meses que el jefe comunal platense ha comenzado a preocuparse por su imposibilidad de mostrar gestión.
El techo del Estadio Unico, acaso el único emprendimiento monumental que se observa en la ciudad, le ha quedado demasiado alto. El gigante de la 32 parece desvinculado de la administración Bruera, pero es motivo de orgullo para la gestión Scioli, que viene trabajando fuerte en él.
Tome nota: la Copa América se jugará en junio de 2011, apenas unos meses antes de las elecciones. Scioli tendrá mucho para mostrarle a la Provincia, Bruera, en cambio,no podrá acreditar aportes a una obra de la que ni siquiera habla.
Ya se ha dicho que impulsado por la asfixiante realidad de las arcas municipales y empujado por el naufragio de su proyecto provincial, el intendente ha comenzado a contemplar la posibilidad de archivar el traje de rebelde, para retornar a los K y buscar otro período en el Palacio Municipal.
Animado por los guarismos que hablan de un repunte kirchnerista en la consideración de los platenses, Bruera les planteó a los suyos la posibilidad de dar el golpe de timón para abrir el grifo de los fondos que le ha cortado la Nación. Algunos, como su hermano Gabriel, lo comprenden; pero otros, como el gurú Jorge Giaccobbe, le aconsejan que siga en la suya.
Mientras tanto, los ediles de la oposición toman nota de los aportes que han recibido ciudades como Mar del Plata o Bahía Blanca, y fustigan al intendente por haber hecho prevalecer sus intereses personales por sobre el de los vecinos que terminan pagando las consecuencias.
El bruerismo está huérfano de fondos y necesita recaudar. Quizá esto explique el polémico mazazo que acaba de darle a una buena parte de los vecinos: realizó una recategorización de propiedades y aumentó las tasas municipales de Tolosa, Ringuelet, Gonnet, City Bell y Villa Elisa ¿El resultado? Un despropósito: vecinos que pagaban poco más de $100 han pasado a tributar más de $300, con el consecuente descalabro para sus economías domésticas.
Muchas veces se ha dicho que los tiempos en política no se miden con el calendario en la pared, sino con el reloj en la mano, y el jefe comunal platense deberá decidirse cuanto antes: ¿sigue en la suya o vuelve a cobijarse bajo el paraguas protector? El tema es qué le exigirán los K.
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