Una encerrona para los dos presidentes

Por Martín Dinatale |

Sólo un acuerdo mayúsculo de los presidentes José Mujica y Cristina Kirchner podría destrabar la encerrona diplomática en la que quedaron atrapados la Argentina y Uruguay por las denuncias de sospechas de soborno en las obras de dragado del canal Martín García y por la suspensión del llamado a licitación para la ampliación de los trabajos de calado en el Río de la Plata.

Mujica y Cristina Kirchner se reunirán el martes próximo en Brasilia, en la cumbre del Mercosur. Pero no será fácil para ambos presidentes volver sobre sus pasos y desactivar un conflicto que amenaza con convertirse en un maldito déjà vu de la pelea por la pastera Botnia. Por lo pronto, Mujica tendrá que tragarse más "sapos y culebras", como graficó, si quiere alcanzar una negociación con Cristina Kirchner para que su país tenga un puerto para barcos de profundo calado. ¿Incluirá en esa lista de sapos la aprobación del tratado de información tributaria que le exige la Presidenta a Uruguay para perseguir a evasores argentinos en Punta del Este?

El presidente uruguayo apostó desde el primer minuto de su mandato a reencauzar las relaciones con la Argentina con el único objetivo de que se aprueben las obras del Martín García y le permitirán tener un puerto apto para catapultar su economía, a fin de evitar una dependencia extrema de Buenos Aires.

"A Pepe se le va la vida y su gobierno en esa obra del Martín García", dijo ayer un diplomático uruguayo al evaluar la eventual hipótesis de que la Argentina finalmente frene el llamado a licitación internacional. En el medio de ello, Mujica deberá lidiar con la interna de su propio Frente Amplio y de la oposición, que lo cuestiona por ser demasiado benevolente con Cristina Kirchner.

Claro que para desactivar este conflicto ahora dependerán del ajuste de otras piezas del complejo engranaje: por empezar, la evolución de la causa judicial que abrió Bonadio, en la que prevé citar a todos los funcionarios involucrados en un contrato calificado por el Tribunal de Cuentas de Uruguay como "irregular". La Cancillería argentina tendrá que lidiar también con las presiones del gremio de dragado que conduce el moyanista Carlos Schmid para que en las obras del canal siga operando la empresa Riovia.

¿Será tan sencillo tapar evidencias y mirar adelante tras el contundente informe del Tribunal de Cuentas de Uruguay? ¿Cómo explicará la Argentina que se despejaron dudas de buenas y que todo vuelve a la normalidad?

Mujica señaló ayer que no tiene "otra receta" más que negociar con la Argentina para mantener "el trabajo de los uruguayos". En este caso, la receta que prevén varios diplomáticos de ambos lados del río es "esperar a que baje la espuma". Hace 10 años que Montevideo espera las obras que lleven a 36 pies de profundidad el canal Martín García. Bien podrían esperar un tiempo más tragando sapos, siempre que no queden muchos heridos en el camino de un lado y otro del Río de la Plata..

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