Las restricciones a la compra de dólares, la exigencia de exportar por el mismo valor de lo que se importa, la inseguridad fiscal, son algunos de los puntos que hacen que varios empresarios que observan, desde adentro y desde afuera, la realidad nacional con otro cristal muy diferente al del Gobierno, hablen del desgaste de competitividad de la economía argentina y de la pérdida de rumbo de las autoridades nacionales.
En ese contexto, mientras el Gobierno se esmera por remarcar los logros que han permitido un fuerte crecimiento económico que, por desgracia, no ha sido acompañado de un fuerte crecimiento en otros aspectos sociales, muchas industrias deciden, por lo bajo y no tanto, cerrar sus puertas y mudarse a países como Brasil, Chile y Uruguay.
Zárate, uno de los polos industriales más importantes del norte bonaerense, refleja esa realidad que desde el Gobierno nacional se prefiere ignorar y pone de manifiesto ese éxodo empresarial.
En el mismo lapso que una importante firma internacional tarda en confirmar su radicación en la zona, tres decidieron irse y otras, que planeaban instalarse, ponen en duda sus proyectos u optan por virar hacia otros horizontes.
En menos de 6 meses –entre fines de 2011 y principios de 2012-, dos empresas del sector químico se fueron de Zárate y del país, en primer lugar Merisant, Latinoquímica después. Ahora Witcel resolvió mudarse a Brasil.
El año pasado Merisant, la productora de marcas como Chuker, Equalsweet y Sucaryl, levantó campamento y despidió a cerca de 80 trabajadores de Zárate y Campana que, si bien fueron indemnizados, dejaron un pasivo importante.
El Grupo AMTEX (Latinoquímica), el más grande productor de Carboximetilcelulosa de Sodio (Gelycel) en América Latina, que operaba en el Parque Industrial de Zárate desde 1987, se fue en marzo. Tenía 158 empleados.
En una semana se concretará lo que hasta ahora había sido un rumor, el cierre de la planta papelera Witcel. El 30 de septiembre cerca de 80 puestos directos y 40 indirectos se verán afectados. La empresa decidió mudar su producción a Brasil.
Estos años de fuerte crecimiento económico con los que Zárate se vio beneficiado dándole la bienvenida a nuevas empresas que enriquecieron su parque industrial y permitieron trabajo pleno, se ve empañada por la decisión de importantes empresas que buscan en países limítrofes lo que en este no encuentran, garantías y seguridades mínimas sobre sus inversiones.
La declaración de Kissiloff, respecto a la facultad del Gobierno de fundir o no a Techint, no es un dato menor y confirma lo que sucede en Argentina. No son los consumidores, el mercado internacional, la calidad de los productos, la tecnología, lo que mantiene firme o no a una industria. Parece influir y mucho la posición crítica o sumisa de sus responsables.
Mientras el viceministro de economía de la Nación piensa como fundir a una de las pocas empresas argentinas con inserción internacional, las empresas extranjeras pesan cada vez más en la economía del país, pero así como vienen se van.



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