"Las empresas deben crear valor y que el fin último no sea el dinero"

El actual sistema de acumulación de riqueza tiene su lado B, que lejos de las revoluciones o luchas armadas propone un cambio de paradigma con la creación de una nueva generación de empresas en las que la lógica de producción y consumo esté orientada al capital social y ambiental y no exclusivamente al dinero.
Pedro Tarak está convencido de que el capitalismo que busca el lucro como fin en sí mismo está agotado. El actual sistema de acumulación de riqueza tiene su lado B, que lejos de las revoluciones o luchas armadas propone un cambio de paradigma con la creación de una nueva generación de empresas en las que la lógica de producción y consumo esté orientada al capital social y ambiental y no exclusivamente al dinero. Un modelo sustentable que, para diciembre de 2015, pretende contar con 500 firmas funcionando en Sudamérica.

El Foro Latinoamericano de Desarrollo Sostenible, que comenzó ayer en Rosario, es el paso previo a la Cumbre de la Tierra Río 20. Allí, y frente a las miradas de todo el planeta, se lanzará un nuevo movimiento internacional.

A denominar como Unión Global por la Sustentabilidad (UGS), será creado, entre otras instituciones, por Ethos, un instituto de empresas brasileras que representan el 35 por ciento del PBI de ese país. Uno de los cuatro integrantes del comité que formará la UGS es Pedro Tarak, quien ya lanzó un ambicioso objetivo: crear 500 compañías en Sudamérica cuyo fin sea el capital social y medioambiental.

La Capital dialogó con el abogado especialista en derecho comparado e internacional, cofundador de la consultora en sustentabilidad Emprendia, director Ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales en la Argentina y consultor internacional de la Organización de Estados Americanos, Naciones Unidas y el Banco Mundial, entre otros.

—¿Qué será la UGS?

—Muchos líderes brasileros se empezaron a preguntar si los desafíos sociales y ambientales, económicos y financieros a nivel global iban a poder abordarse. Y de allí nació una respuesta en la que exista un sistema complementario que permita la participación de actores no estatales. Consiste en un movimiento y es, a la vez, una plataforma de acuerdo entre sectores de organizaciones y líderes que se comprometen por la sustentabilidad. La clave está en que todos compramos productos. Si empezamos a decidir si compramos según la reducción del nivel de carbono, el número de personas incluidas en el proceso, la cantidad de residuos que recicla y si regenera la biodiversidad. Si uno compra en función de esos valores, no necesitamos que los gobiernos se pongan de acuerdo. Un consumidor de Rosario y otro en la China tendrían un impacto enorme hacia un método de compras sustentables.

—Pero las principales empresas del mundo producen sin compatibilidad con el medio ambiente. Estados Unidos sigue sin adherir al protocolo de Kyoto (que impone reducción en la emanación de gases contaminantes).

—Estamos en una transición de un modelo basado en los hidrocarburos a una economía inclusiva basada en las energías renovables. Hoy las crisis mundiales están interconectadas, porque se empiezan a degradar todos los sistemas de producción económica y social. Es una transición hacia una economía verde donde los residuos pasen a ser reciclables para convertirse en recursos y la regeneración de ecosistemas degradados. No son ya objetivos ambientales o sociales sino de transformación de la economía.

—¿En que consisten las empresas B?

—Desde su creación, y por estatuto, apuntan a solucionar problemas sociales y ambientales. Y ya hay muchos que sienten esquizofrenia: por un lado crearon empresas para hacer dinero y, a su vez, cuestionan la distorsión. Por eso, el propósito de una empresa debe ser la creación de valor, donde el dinero sea un instrumento y no el fin en sí mismo. ¿Cómo vamos a tener el lucro como fin? Se distorsionan todas la decisiones. Por eso cuestionamos desde la acción con las empresas B, que tienen varios requisitos, además de una certificación integral.

—¿Cómo funcionaría este concepto en la Argentina, donde muchas compañías hacen de la responsabilidad social empresaria (RSE) un mero instrumento de marketing?

—Nuestro país es muy diverso. Hay gente cansada de que el sentido de la empresa sea el lucro. No se trata de hacer filantropía con el 3 por ciento de las ganancias sino que la totalidad de la empresa funcione desde las soluciones ambientales y sociales. Para diciembre de 2012 queremos 500 empresas de esas características y que 120 de ellas sean argentinas.

—¿Cómo imagina un mundo de empresas B?

—En el proceso de producción y consumo está el corazón de los cambios del capitalismo. Son actores que desde lo económico producen cambios sociales y ambientales.

—¿Resolver los males del capitalismo dentro del capitalismo?

—Si el capitalismo es el sistema de exclusión y destrucción del medio ambiente, no podemos seguir con el capitalismo. Hace falta crear una convergencia entre el sentido de la economía y las necesidades de contexto y no con indicadores asociados a valores económicos, como el ingreso per cápita. No sirve como estamos organizados. No me importa si piensan si esto es de izquierda o de derecha. Hay que reorganizarse desde lo económico. Entre los requisitos de la certificación de empresas B se pregunta si se hace entre los trabajadores distribución de dividendos y acciones. Imagínense una compañía donde sus accionistas trabajan en ella y, además, generan valor público. Empresas pensadas para ser las mejores para el mundo, y no del mundo.

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