Por: Fernando GonzalezLa Argentina no tiene debates presidenciales. La Presidenta no concede reportajes a la prensa. El Congreso tuvo solo siete sesiones en lo que va del año electoral. Y los empresarios rara vez dan a conocer sus opiniones por temor al castigo divino del Gobierno.
Los esfuerzos de los organizadores del coloquio no fueron suficientes para lograr una convocatoria más amplia entre los presidentes de las principales compañías argentinas. Los asistentes extrañan aquel contrapunto de Alfredo Coto con Néstor Kirchner en 20005, o las opiniones que poco después el ministro Roberto Lavagna vertió sobre la necesidad de sincerar algunas variables económicas, lo que terminó acelerando su salida del gabinete kirchnerista. Ya hace varios años que los ministros no se animan a exponer sus argumentos ante el empresariado y el debate se reduce a algunos mensajes cruzados a la distancia que poco pueden enriquecer la discusión.
Valieron las exposiciones Martín Migoya, el fundador de Globant; de Gabo Nazar, presidente de Cardón; de Hugo Sigman, CEO de Insud; la del italiano Sergio Marchionne, CEO de Fíat y Chrysler o la que hará hoy directora general de Microsoft, Sandra Yachelini. Pero el auditorio estuvo raleado de CEOs y la ausencia sólo logró hacer brillar un poco más la presencia de los grandes empresarios brasileños, encabezada por Marcelo Odebretch (presidente de Odebretch) y Andrés Vila de Angelo (CEO de Andrade Gutierres), las dos principales constructoras de Brasil con negocios crecientes en la Argentina, y por Sergio Rocha, titular de General Motors. Los brasileños hicieron sentir así su peso en los negocios del país en una imagen contrapuesta a la del solitario titular de la Unión Industrial, José Ignacio de Mendiguren, quien buscaba con cierta desesperación convencer a sus pares sobre la importancia de la presencia institucional en este tipo de encuentros.
El gobierno de Cristina, como en los últimos cuatro años, intentó vaciar de contenido un coloquio al que considera ideológicamente hostil e incluso se vio en el Sheraton marplatense a un par de personas cercanas al ministro Amado Boudou, quienes fueron a cerciorarse de las presencias y ausencias para pasar luego el informe correspondiente. Ni siquiera el absoluto favoritismo que le auguran las encuestas logró convencer al kirchnerismo de la importancia de empezar a discutir propuestas para hacer frente a la economía que viene. El egoísmo de la dirigencia política, económica y empresaria argentina fue uno de los principales combustibles que generaron el incendio de la crisis del 2001. Pero esta larga y auspiciosa década no parece haber sido tiempo suficiente como para que aprendiéramos la lección.





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