Empresarios cuentan cómo pagan coimas al Gobierno

Empresarios cuentan cómo pagan coimas al Gobierno
Tres dueños de firmas que participan del Plan Federal de Viviendas reconocen que deben dejar el 5% de retorno. Señalan al Ministerio de Planificación.
Son las 10.30 del lunes 17 de mayo. Tres empresarios de la construcción se sientan ante un periodista de PERFIL y aceptan contar, frente a un grabador, pero sin dar sus nombres, cómo pagaron coimas que les exigieron desde el Ministerio de Planificación –que conduce Julio de Vido–, como condición excluyente para poder participar del Plan Federal de Viviendas I y II.

La reunión se concreta en la oficina comercial de una localidad de la provincia de Buenos Aires. Los empresarios tienen temor de que algún detalle de la nota pueda dejar al descubierto sus identidades. “Borrá esa grabación, mirá que mi voz la conocen todos los funcionarios”, advierte el empresario I. “Si nos identifican, no hacemos obra pública nunca más”, agrega el empresario II. “Estos tipos te extorsionan, te estrangulan financieramente, no les importa nada”, grafica el empresario III.

El Plan Federal se originó en 2004 como una respuesta para paliar el déficit habitacional: darle a los más humildes un techo digno y generar fuentes de empleo genuinas. Pero más allá de que se ejecutó menos de la mitad de lo prometido, esta historia revela cómo desde el Gobierno se usó el programa para hacer caja. Cada adjudicación implicaba la ejecución de hasta 600 viviendas, de acuerdo al subprograma. Y el monto total de cada obra oscilaba entre los 20 y los 30 millones de pesos. Según el relato de los empresarios, la coima exigida era del 5% del total, es decir, entre 1 y 1,5 millones de pesos cada vez. Si se calcula que Planificación invirtió cerca de 12 mil millones de pesos entre viviendas ejecutadas y en ejecución, los retornos podrían ascender a 600 millones de pesos.

Dice el empresario I: “El Plan Federal de Viviendas nació contaminado. Desde el principio, cuando se inició y se empezaron a poner en marcha las licitaciones, se dio a conocer que sí o sí había que poner un 5 por ciento para empezar la obra, no durante la obra, ni con cada cobro, ni nada. El Plan Federal de Viviendas tenía un anticipo, cuando se empezó, del 15 por ciento del monto total de la obra. Y de ese 15 por ciento, el 5 por ciento, bruto, sin ningún descuento, sin nada, había que dárselos antes de que la obra empiece”.

—¿Cómo era el mecanismo de entrega? ¿El dinero se blanqueaba?

—No podía ser en blanco, ¿cómo sería en blanco? No hay forma. Vos tenías que juntar la plata y dársela a alguien que ellos te indicaban. Los cobradores eran conocidos, y fueron los mismos para casi todas las veces. Eran uno o dos según la zona.

—¿La entrega era en el Ministerio de Planificación?

—Nunca en el Ministerio, siempre se entregaba ese dinero fuera del Ministerio. La misma persona te contactaba antes de que firmes el contrato y te decía: “Bueno, está todo listo, el contrato está para salir. Está claro que hay este dinero de por medio”. Y vos tenías que aceptarlo. En algún caso, cuando les hemos dicho que nunca antes nos habían pedido coimas para hacer obras en otras épocas, no te creían. Te pedían que no te comportaras como si fueras un recién nacido.

—¿Qué pasaba si se negaban a pagar?

—Una vez que ganabas la obra, si decías que no, o decías que sí y después no cumplías, era sinónimo de suicidarse, porque podías llegar a cobrar el anticipo, empezar la obra, y después no cobrar nunca más. Con lo cual ya estabas dentro del contrato, con todo lo que eso significa: te lo podían rescindir.

—(Interviene el empresario II) En lo que hace a la parte económica, la obra era muy perjudicial para las empresas, por la falta de pago, el no reconocimiento de los mayores costos, una serie de cosas.

— (Participa el empresario III) Muchas empresas se fundieron.

—¿Les ha pasado que para cobrar los certificados de obra atrasados les han cobrado algún retorno?

—(Contesta el empresario II) Ha pasado, porque juegan con la desesperación de las empresas. En el afán de seguir trabajando y de mantener la maquinaria, cuando tenés atrasos de seis o siete meses, empezás a evaluar pagar un monto de dinero para asegurarte que vas a cobrar, y de vuelta entrás en este circuito.

— (Completa el empresario III) Lo que hacen es no pagarte, te extrangulan financieramente, y después te ofrecen el pago a través de un aporte que vos tenés que ceder porque es el mal menor.

—¿La persona que lo contactaba que le decía?

— (Responde el empresario I) Vas a recibir el dinero tal fecha, yo te llamo.

—¿Esa persona era del Ministerio de Planificación Federal?

—No, en los casos que yo conocí, no. Eran personas que no trabajaban formalmente en el Ministerio de Planificación. Pero en el Ministerio te avisaban, te decían el nombre del que te iba a contactar. En nuestro caso, fue una persona que en aquel momento era bastante conocida y todavía sigue siéndolo. El dinero te lo giraban directamente desde el Ministerio de Planificación a las cuentas de las empresas, y no más allá del día siguiente te empezaba a llamar este hombre y te decía: “Bueno, tenés el dinero en la cuenta, cómo lo hacemos, cuándo nos vemos”. Lo más que podías lograr era que se lo pudieras entregar en dos o tres veces, por la dificultad que significaba mover el dinero.

—¿Dónde se hacía la operación?

—En nuestro caso, nos pidieron que fuéramos a una oficina. Pero nosotros les dijimos que no queríamos arriesgar movernos con tanto dinero. Entonces los esperábamos en un banco, donde teníamos una caja de seguridad, y venía un pibe, con una mochila, a veces con un bolso, cargaba el dinero y se iba. Cuando salía, veíamos que estaba escoltado.

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