Los empresarios creen que habrá represalias

Tras el desaire por no haber ido al acto, esperan la reacción oficial
Algunos miembros de la Unión Industrial Argentina (UIA) se resistían ayer a estar hoy en el hotel Alvear, donde transcurrirá el último de los encuentros empresariales capaces de convocar a funcionarios públicos: el organizado por el Consejo de las Américas y la Cámara Argentina de Comercio, que conduce Carlos de la Vega. "No, no quiero encontrarme con gente, están todos muy enojados", dijo alguien que desoyó la convocatoria al acto de anteayer sobre Papel Prensa en la Casa Rosada.

Todos imaginan represalias. El número 1 de una entidad empresarial debió en las últimas horas ser internado con un pico de presión. La jornada dejó, no obstante, una sorpresa: no habían existido, hasta anoche, llamadas ni reproches del Gobierno. "El kirchnerismo está en silencio; por lo tanto..., ¡preparate!", dijo otro de los nuevos rebeldes.

En el Alvear los esperan Aníbal Fernández, jefe de Gabinete; Héctor Timerman, canciller, y los ministros Amado Boudou (Economía) y Débora Giorgi (Industria). Saltear esa incomodidad les permitirá a varios pasar inadvertidos hasta que nuevas urgencias cambien el foco de atención. "Estos generan líos todos los días: ya mañana, este tema es viejo", dijeron en la cúpula fabril.

Mientras tanto, empezaban ayer a regresar los viajeros repentinos: por lo menos siete de los empresarios más importantes del país que no encontraron, para sus ausencias, mejor explicación que la distancia espacial. Hay que reconocerle a Osvaldo Cornide, feligrés número uno de las ceremonias gubernamentales, por lo menos cierta franqueza. "Fui convocado por Débora Giorgi y, si bien respeto a los que no fueron, estoy convencido de que siempre hay que concurrir a escuchar a la Presidenta -explicó a LA NACION-. Pero no es correcto pensar que todos los que fueron están a favor de lo de Papel Prensa, y los que no, en contra."

¿Promesas vanas?

Al resto lo carcome advertir que el Gobierno ha quedado herido. Presumen, además, que los anuncios para Papel Prensa eran mucho más virulentos y que fueron atenuados momentos antes del acto. ¿Dónde quedaron, si no, las promesas del secretario Guillermo Moreno, que les había adelantado a varios que esta semana terminaría con Héctor Magnetto esposado?

Sea como sea, el escenario es ya otro. Convertida en emblema del desaire, la UIA parecía ayer haber recuperado cierto reconocimiento dirigencial en el ambiente. Lo notó Héctor Méndez, presidente de la central fabril, en el mismo momento en que entraba en la embajada de Uruguay para celebrar el día de la independencia de ese país; hacía tiempo que no recibía tantas felicitaciones. "Me limité a hacer lo que decidía la votación en la Unión, el presidente no vota", explicó el empresario a LA NACION. Como pocas veces, los pasos de la entidad fueron asumidos en un ciento por ciento por las grandes corporaciones.

Algunas de estos desvelos se conversaron ayer en el almuerzo del Grupo de los Siete, todavía con seis miembros hasta que se logre, como se pretende desde hace tiempo, la incorporación del ruralista Mario Llambías, enfrentado con la UIA desde el conflicto agropecuario de 2008.

Desarrollado en la Cámara Argentina de la Construcción, el encuentro reunió a invitados esquivos al acto del martes, como Méndez, el banquero Jorge Brito y el anfitrión, Carlos Wagner; a uno que fue, De la Vega, y al que jamás será convocado, Hugo Biolcati. Adelmo Gabbi, presidente de la Bolsa, se excusó por problemas de salud y fue reemplazado por el vicepresidente de la entidad, Horacio Fargosi.

El próximo contacto será en 15 días en la sede de Adeba, la asociación de bancos privados de capital nacional. Hace meses, Brito tanteó el humor del ministro de Planificación, Julio De Vido, sobre estos almuerzos. ¡Adelante! , aprobó entonces el arquitecto. La Argentina es tan cambiante que no vendría mal una segunda consulta.

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