En Mar del Plata y La Plata, así como en otros puntos turísticos de la costa atlántica, muchos miles más se fueron sumando a la movida de las fiestas privadas en quintas y casas.
Se difunden mayoritariamente por internet y empezaron a masificarse después de la tristemente recordada noche de Cromañón, el 30 de diciembre de 2004. Al principio se reunían en garajes y quintas, pero después se inclinaron a juntarse en las casas, lugares más seguros porque allí solamente entrar los que están dentro del círculo de los organizadores.
Esta oferta de diversión nocturna organizada por los propios jóvenes se fue convirtiendo en la alternativa a las discos de moda y los chicos dicen que las prefieren porque son más tranquilas, se sienten identificados por la música y porque no deben someterse al maltrato de los patovicas. Para los organismos que deben controlar los excesos el tema es complicado porque al realizarse en un ámbito privado deben actualizar las normas contravencionales para poder actuar e inhabilitarlas: las denuncias de vecinos por ruidos molestos o consumo de alcohol son una herramienta clave para que puedan actuar los inspectores.
Las hay temáticas, de disfraces, de homenajes...
Lo cierto es que la tendencia dejó de ser una moda pasajera y se instaló como algo habitual y en crecimiento.
Como la difusión se da a través de las redes sociales, los inspectores apelan a esa misma vía para detectarlas y tomar recaudos cuando presumen que puede haber algún problema. "Si se hace en una casa, aunque sean 200 personas no podemos entrar a inspeccionar. Salvo que por algún sitio web nos enteremos que están por hacer un recital en algún galpón que no cumple las condiciones de seguridad o que haya denuncias de vecinos", explicaron por ejemplo desde la Agencia Gubernamental de Control porteña.
En la Provincia, el panorama es el mismo: "Si hay un fiesta multitudinaria en un lugar privado, sólo podemos entrar con la orden de un juez", indicaron voceros del Ministerio de Desarrollo Social. En los municipios el tema es seguido de cerca por las áreas de control. Si se trata de un gran cumpleaños que no molesta a los vecinos, se puede hacer sin problemas pero hay casos en los que tras una denuncia se detecta el ingreso y la venta de alcohol a menores: ahí sí intervienen y clausuran la fiesta.
Comentá la nota