Tras las elecciones, como se esperaba, el Gobierno optó por profundizar el modelo.
Los escudos elegidos por el Gobierno, para seguir tirando de la cuerda fueron: debilitar artificialmente la demanda de dólares y restringir las importaciones. Las consecuencias: debilidad de la actividad industrial que depende de las importaciones, desdoblamiento de hecho del mercado cambiario, entre oficial y paralelo y desaceleración de la economía. Estos mecanismos, necesariamente, inhiben la inversión privada, por lo que el Gobierno tratará de compensarla emitiendo moneda para insuflar más consumo. Esto inexorablemente lleva a mayores presiones inflacionarias, apreciación de la moneda, estrangulamiento exportador, caída del nivel de actividad, baja recaudación tributaria y tensiones sociales.
Por lo tanto, en lo que sigue del año cabe esperar: desaceleración del nivel de actividad, incremento en la tasa de devaluación, para evitar que la brecha entre el dólar oficial y paralelo se amplíe, y tasa de inflación elevada.
Comentá la nota