La sucesión de absurdas tragedias viales en la ruta 9/34 pone a prueba, hoy más que nunca, la capacidad de gestión y decisión, del gobierno salteño, los legisladores y las autoridades de los diferentes municipios que conforman la provincia.
Dos hermanitas murieron el jueves cuando viajaban junto a su padres en un vehículo que se salió de la ruta al sur de Metán. Otros dos hermanitos están en grave estado. La semana pasada, y sobre la misma vía -unos kilómetros más al sur- otro vuelco terminó con la vida de tres personas. Minutos después de este último accidente y en el mismo lugar, un choque múltiple donde no hubo muertos de milagro: un camión, un auto, dos camionetas y dos cajas de explosivos utilizados paras las perforaciones en el norte de la provincia, que de haber detonado se habrían convertido en la noticia de una tragedia mundial.
Mientras tanto las autoridades responsables parecen no dimensionar el problema de lo que viene ocurriendo con apabullante reiteración en esa transecta. La emergencia vial resulta, en este escenario, una medida largamente demorada.
Muertos, heridos, tragedia. Dolor eterno en familias truncadas por las secuelas de la discapacidad o directamente por la muerte de hijos, nietos sobrinos; chicos que apenas comienzan su vida. Padres que nunca mas verán a sus hijos o al revés. No importa: la tragedia no distingue, ni se compadece.
Resulta extraño que tantos organismos nacionales, provinciales y municipales, afectados al control del tránsito, no puedan frenar esta verdadera epidemia.
Un encuesta llevada a cabo por El Tribuno entre sus lectores encontró como punto en común que, ante la calamidad de los accidentes en las rutas de la provincia, los conductores han optado por prestar más atención a la conducción, no sólo propia sino también la de los otros. Esto se conoce como conducción defensiva y es un valioso elemento para medir la conciencia al volante.
Pero es necesario que las autoridades también hagan su aporte con un real compromiso de revertir las cifras que se suman semana a semana. Controles, señalización, mantenimiento, presencia de personal en la ruta que advierta sobre la luces bajas durante el día, el uso de cinturones para todos los que viajan en el vehículo. Todo ayuda; todo es necesario.
Horarios de control que se cumplan a rigurosamente a lo largo del día y el refuerzo durante el fin de semana. El mejoramiento de las señalizaciones y el estado de la rutas. La transitabilidad de la banquina y la visibilidad en la zonas de mayor riesgo, todo forman parte de una batería de medidas de emergencia que aparece no sólo como una mera prevención, sino también como una forma decisiva de poner freno a la fatalidad.
Ya no es aceptable el incremento del parque automotor para justifica tanta sangre derramada. La decisión política es vital para frenar estas muertes.
Aceptar una tragedia evitable, es ser cómplice de un homicidio aunque este termine en la caprichosa figura de legal de culposidad, que en muchos casos diluye todo, menos el dolor de una familia.
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