Ellos se amontonan

Ellos se amontonan
La política argentina los cría. Llegó el 19D, el día en que se realizó una manifestación tan heterogénea que -así lo comprendo- perdió fuerza en su reclamo. Entendiendo que la movilización hacia plaza de Mayo tuvo como estandarte la suba del mínimo imponible en el impuesto a las ganancias (reclamo legítimo, que debe atender el gobierno nacional).
Lo heterogéneo -presentado aquí con una connotación negativa- provocó el descreimiento de un sector de la sociedad que no apoyó la movilización y el resto de los sectores que actuaron con indiferencia. Claro, quién nos representa de los líderes que nos convocan: ¿Moyano y Buzzi al mismo tiempo?, ¿Pino Solanas y Alfonsín?. (Solo menciono la trágica fecha que eligió el líder radical para sumarse a la marcha, el resto ya fue dicho).

Los diarios como veremos, en sus crónicas centrales analizaron la convocatoria (con una visión dispar) y los reclamos. Poco expresaron sobre estas efímeras alianzas políticas que solo buscan lanzar un berrinche ante un gobierno, incapaces de lograr una construcción sólida, al menos para ocupar un espacio opositor.

Clarín fue el único diario que calificó de masiva la convocatorio: “Marcha a la plaza: Moyano acusó a Cristina de hacer ‘un ajuste encubierto’”, tituló. Al comienzo de la crónica -primer párrafo cuasi místico- afirmó la masividad: “Justo unos minutos antes de que comenzara la masiva protesta del sindicalismo opositor en plaza de Mayo, el cielo se abrió, el sol empezó a pegar fuerte y los pronósticos de lluvia quedaron en la nada. ‘Hasta Dios, nuestro señor, nos ha acompañado en este día’, celebró Hugo Moyano, creyente evangélico, durante su discurso. El camionero perdió ese tono compasivo y religioso cuando se refirió a Cristina Kirchner: ‘Señora presidenta, ocúpese de la inflación y la inseguridad que preocupan a todos los argentinos’, la corrió. Y la acusó de aplicar un ‘ajuste encubierto’ siguiendo ‘las recetas más ortodoxas del FMI’”. Luego continuó, “El jefe de la CTA anti K, Pablo Micheli, fue algo más medido. ‘“Esto no es contra ningún gobierno, esto es en defensa propia y no nos van a sacar de la calle hasta que no haya diálogo serio’, aseguró. La protesta fue organizada por la CGT de Moyano, la CTA de Micheli y la CGT Azul y Blanca de Luis Barionuevo para reclamar por ganancias, las asignaciones familiares y un urgente aumento en los haberes de los jubilados. Barrionuevo movió a sus gremios, pero no se mostró en la Plaza. Pablo Micheli dijo que la estimación fue que hubo 70.000 personas. Pareció que hubo bastante menos. Por la Plaza se podía circular con comodidad. Llamó la atención que las columnas de los gremios más grandes llegaron sobre el comienzo del acto. Al escenario subieron otros convocantes a la marcha, como el ruralista Eduardo Buzzi y Daniel Menendez, de Barrios de Pie. También se vio a varios dirigentes políticos, como el radical Ricardo Alfonsín, Pino Solanas y varios diputados del peronismo federal”.

“Una movilización con más ruido que gente”, fue el rotundo título que eligió Página 12. Comenzó su crónica: “La CGT de Hugo Moyano y la CTA de Pablo Micheli cumplieron ayer con la movilización que habían convocado. Sin la estridencia con que la habían pensado, la marcha hasta la Plaza de Mayo fue para reiterar sus aspiraciones políticas bajo los reclamos de la agenda sindical. ‘Esta lucha la tenemos que llevar al plano político porque en el 2013 los trabajadores vamos a votar a quien garantice los derechos de los trabajadores’, aseguró el camionero, además de señalar que el impuesto a las ganancias era ‘un robo que se le hace a los trabajadores, es lisa y llanamente un robo ese impuesto perverso y el gobierno se hace el distraído’. Fue acompañado por la CGT Azul y Blanca del gastronómico Luis Barrionuevo, La Federación Agraria, liderada por Eduardo Buzzi, organizaciones sociales opositoras y el diputado radical Ricardo Alfonsín siguió los discursos desde el palco”.

La Nación coincidió con Página 12: “ En una Plaza a medias, Moyano y Micheli denunciaron ‘un ajuste’ y expresó que, “Ni Hugo Moyano ni Pablo Micheli cumplieron ayer con su deseo de extender su retórica sindical entre los sectores medios y los descontentos con el kirchnerismo. La convocatoria de la CGT y la CTA opositoras a la Plaza de Mayo no cruzó las fronteras de su propia militancia, apenas reforzada con el respaldo de aliados circunstanciales. Unidos en la acción, los dirigentes volvieron a la carga con sus reclamos salariales y tributarios al gobierno, y coincidieron en que se debe transparentar el índice de inflación y combatir la inseguridad. Lejos de un desborde de personas y con una convocatoria menor de la esperada, la inquietud de Moyano dejó de ser la inminente tormenta para conocer en detalle las cifras sobre la cantidad de asistentes. A cinco minutos del arranque de los discursos ya se vislumbraba una Plaza poblada a medias, con esquinas desérticas y sin la fuerza de una gran manifestación”.

Sobre este tipo de movimientos y estrategias –más bien tácticas- políticas tenemos como sociedad vasta experiencia. Hace poco tiempo, el coqueteo entre Moyano y Macri fue otro ejemplo de alianzas en contra de, sin idea de construcción propia. Aquella vez, que en solo dos días se bromeó con una fórmula para el 2015 y luego la desazón, porque el Pro, aliado al Frente para la Victoria, votaron la ley de Art que perjudicó a los trabajadores, publiqué una líneas que sirven para explicar mi opinión en este sentido:

“Hemos visto varias veces cómo se forman alianzas políticas electorales en Argentina -La Alianza; Macri, De Narváez, Solá; De Narváez, Afonsín- que no han tenido mucho éxito. Claro, más allá del resultado eleccionario, no han logrado construir una fuerza política, un espacio de representación. Básicamente, porque tienen tantas diferencias que el solo hecho de aunarse con fines eleccionarios reduce las posibilidades. Más que eso no tienen (en común). Como si los uniera el espanto. La oposición continuará desintegrada, dispersa, débil, si este tipo de estrategias continúan: la unión por oponerse, sin fondos argumentativos, sin planificación, sin considerar que un espacio político debe representar a quienes dice representar”.

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