El gremio docente vota el 2 de septiembre y una vez más los candidatos principales son varones. ¿Qué impide a las mujeres ir más allá de las conducciones locales? Opiniones para debatir.
Desde su creación en 1974 a la fecha, nunca una mujer estuvo al frente de la Unión de Trabajadores de la Educación de Río Negro (Unter), donde el 85% de los afiliados son mujeres.
Muchas de ellas han tenido y tienen fuerte participación en la conducción de las 18 seccionales. Actualmente ocho de ellas (Conesa, Río Colorado, Villa Regina, Almafuerte, Roca, Cipolletti, Sur y Sierra Grande) están dirigidas por mujeres. Pero ninguna llegó a la secretaría general provincial.
El próximo 2 de septiembre se renovará la conducción del gremio y estas elecciones no serán la excepción a la regla. En las tres listas presentadas, para los cargos a secretario general y adjunto, están propuestos varones: Marcelo Mango y Jorge Molina, por Alternativa Celeste y Blanca; Marcelo Nervi y Ricardo Berros, por Unidad Azul Arancibia; y Martín Lamas junto a Manuel Hermida, por el Frente de Lucha de los Trabajadores de la Educación.
¿Qué es lo que impide que las mujeres que participan activamente en la vida del gremio alcancen el cargo de mayor jerarquía en la organización? ¿Falta preparación? ¿Falta compromiso? ¿Hay normas internas que lo impiden? ¿Hay debate interno alrededor del tema? ¿Qué dicen ellas? ¿Y ellos?
Diferentes voces coinciden en que la dinámica propia del gremio dificulta que las mujeres puedan tener una participación plena. A pesar de los avances en relación a la igualdad de oportunidades entre los géneros, sobre las mujeres sigue recayendo el mayor peso de las tareas domésticas y la crianza de los hijos.
Para Marisol, docente de primaria, si bien las mujeres han ido ganando espacios y aspirando a alcanzar puestos de conducción "los costos a veces son un poco grandes". Se refiere al hecho de no tener horarios fijos o tener que viajar constantemente y dejar los hijos. "Creo que el impedimento más grande que tuvo la mujer hasta ahora es que el peso de la familia sigue recayendo sobre ella", opina.
Las dificultades no sólo se reducen al acceso a los cargos de conducción. También tienen que ver con la posibilidad de participar plenamente de la vida gremial. Los congresos extraordinarios, instancias decisivas, suelen ser lejos de casa, a lo que se suma que las asambleas por localidad pueden extenderse por varias horas. La docente, que en la mayoría de los casos cumple con doble turno, sale del trabajo para participar de una instancia de decisión de la que seguramente deberá retirarse antes para cumplir con las tareas domésticas.
Para Carlos Tolosa, ex secretario general de la Unter, se han dado pasos en la reivindicación de los derechos de las mujeres pero sigue estando presente el hecho de que "al menos en el hogar la que lleva los pantalones es la mujer". "He visto en innumerables asambleas que se hacen las 8 ó 9 de la noche y las maestras se tienen que retirar porque tienen que ir a hacerle la cena a la familia". Tolosa asegura que nunca se puso en discusión esta dinámica a nivel institucional, aunque es una realidad de la que se tiene conciencia.
Nancy es docente de inglés y da clases en una escuela primaria. Esperó que su hijo ingresara a la universidad para terminar la carrera y dedicarse a la profesión.
"Ahora que estoy desarrollando mi tarea creo que hubiese sido muy difícil compaginar todo: mis tres hijos chicos, mi marido, la casa. Ahora estoy disfrutando el trabajo pero veo a mis compañeras que están en esto hace 20 años y están al borde del colapso", comenta.
Una mirada interesante es la que aporta María Inés Hernández, integrante del consejo académico de la Escuela de Formación Permanente "Rodolfo Walsh", quien entiende que una de las situaciones que se dan es que muchas de las mujeres que participan del gremio "no se han empoderado como para ocupar cargos de poder, lo que implica una mayor toma de decisiones". La docente señala que "si bien estamos preparadas para eso, a la hora de buscar el candidato no aparecen nombre de mujeres" y en ocasiones suelen ser ellas las que se plantean que todavía no, que, tal vez, "todavía no estamos preparadas".
Mabel Burín, doctora en psicología clínica, especialista en estudios de género y salud mental, habla de "techo de cristal" para referirse a "una superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres" pero que bien puede aplicarse a una carrera político-sindical. Es una especie de barrera que les impide seguir avanzando.
Este techo que dificulta a las mujeres alcanzar las metas profesionales o políticas para las que están preparadas parece invisible, pero la realidad demuestra que existe.
Belén Spinetta
belen@rionegro.com.ar
Natalia López
natalial@rionegro.com.ar
Comentá la nota