Rawsonline mucho se teme que esta crónica circunstanciada de los hechos acontecidos en lo que se presentó como un mega-evento de la política no coincidirá con ninguna otra, excepto –talvez- en la parte de los aplausos.
Todo esto sucedió durante el acto de asunción de Ana Amato, Ricardo Trovant, Marcelo Jones y Carlos Eliceche, quienes juraron como “presidente de Corfo”, “presidente del Instituto Provincial de la Vivienda”, “Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable” y “Ministro Coordinador de Gabinete”, respectivamente, en un colmadísimo Salón de los Constituyentes que debería ser clausurado de inmediato por la Municipalidad de Rawson, por razones fundadas que ahora explicaremos.
El lugar no tiene salidas de emergencia, el público superaba ampliamente la capacidad del local, la puerta principal estaba cerrada y resguardada por policías con caras de pocos amigos, aparentemente dispuestos allí para cerrarle el paso a cuatro señoras que cantaban por el “No a la Mina, Buzzi Gorila”, que casi no se escuchaban.
En el acto estaba presente el secretario de Gobierno de la Municipalidad de Rawson, Alfredo Di Filippo, con cara de “yo me las sé todas y si inventaron una en el último segundo, la tengo aprendida de vidas anteriores”.
De él debe depender el control del cumplimiento de las reglas de seguridad mínima en eventos micro-multitudinarios como este, pero sin embargo ahí estaba, tan tranquilo.
Dios, La Patria y Los Santos Evangelios oficiaron de testigos, según se dijo allí mismo, certificado todo por un señor escribano, hijo del ex-Gobernador radical José Luis Lizurume.
Como de los discursos va a tener suficiente material en otros medios, también es tentador señalar aquí algunas presencias eternas, como la del empresario José Cardini, que cruzó acalorado hacia una de las primeras filas de asientos dispuestas para los asistentes al acto. Otros hombres de negocios, o algo parecido, podían verse también entre el variopinto universo de dirigentes del kirchnerismo, el buzzismo y el mackarthysmo.
El que se fue convencido de que el Gobierno, el FPV y hasta su amigo Hernán Lorenzino le habían tendido una emboscada fue Ricardo Sastre, el intendente de Puerto Madryn, hostigado por un grupo estratégicamente ubicado entre la asistencia.
La catarata de insultos no sólo pulverizó el presunto espíritu pacificador de los cambios en el Gobierno, sino que le acercó a Sastre le solidaridad de sus colegas de diversos puntos de la provincia y dos pedidos de disculpas que no terminaron peor, porque el habitualmente picante dirigente se puso el freno de mano, mordió el freno y bajó cuatro cambios de un tirón.
Quizás por eso lo que recibieron el ministro de Gobierno, Javier Touriñán; y el subsecretario de Medios, Juan Martín, fue un “ustedes dos son unos hipócritas, a esto lo armaron entre todos”, cuando se acercaron a pedirle disculpas.
Decepcionado y furioso, Sastre se fue apenas unos minutos después de los juramentos de los nuevos integrantes del Gabinete.
Infiltrados. los murgueros portaban bolsos de "Maza Deportes", el negocio del Laly, durante el acto de asunción.
Un ratito antes, el que se había ido era el ministro de Economía de la Nación, Hernán Lorenzino, que se quedará hasta el miércoles a orillas del Lago Futalaufquen, en un hotel perteneciente al empresario turístico Guillermo Paats, de más que fluidos vínculos con el buzzismo.
Lorenzino se retiró protegido por cinco policías, pero como nadie lo reconoció los agentes no tuvieron otro trabajo que seguirle el tranco largo al funcionario.
“¿Por qué se va tan rápido?”, se extrañó un antiguo dirigente del peronismo asombrado por la veloz caminata del jefe de la cartera económica nacional.
“Se va a Esquel a correr, como un boludo”, le respondió su contertulio.
Después se quedaron hablando un rato largo de las décadas trituradas por el tiempo. Una murga de Rawson, contratada por alguien en ausencia de militantes reales, seguía sacudiéndole a los tamboriles y a las matracas.




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