Tras la represión del régimen durante el fin de semana, que dejó al menos cien muertos según fuentes humanitarias.
Además, una civil murió en Deir al Zor, y otra en el pueblo de Albu Kamal, cerca de la frontera con Irak, informaron fuentes humanitarias.
El Consejo de Seguridad de la ONU mantenía una sesión a puertas cerradas sobre Siria anoche, después de que las tropas del gobierno mataran a unos cien civiles en Hama el domingo, que recordó la masacre de hace casi 30 años en la misma ciudad. Se esperaba que la reunión del Consejo de Seguridad, convocada a pedido de Alemania, reviviera un borrador de la resolución que condenaba el régimen de Assad, a pesar de la oposición de varios estados miembro, especialmente Rusia y China. Los críticos temen que ese paso sería el primero hacia una intervención militar, como fue el caso con Libia a principio de este año.
La Unión Europea, que extendió las sanciones contra el régimen sirio ayer, le pidió a la ONU antes de la reunión que tomara una “posición clara” en respuesta a la creciente violencia, que dejó 150 muertos en el país del domingo, un pedido que fue repetido por los activistas sirios que temen una ofensiva generalizada.
El bombardeo de Hama trazó paralelos con la masacre a manos del padre del actual presidente, Hafez, en 1982, cuando sus fuerzas aplastaron un levantamiento armado islamista, matando a por lo menos 10.000 personas. En una indicación de que no sería más piadoso que su padre, un desafiante Assad elogió a sus tropas en un mensaje por el aniversario de la fundación del ejército. Denunció “diversos complots” contra su país y afirmó que no renunciará a sus derechos. Felicitó a las tropas por frustrar a los “belicistas y mercaderes de la sangre” y dijo que este levantamiento “no resultará mejor que los previos”. Aseguró que el pueblo árabe seguirá libre y resistirá hasta conseguir la paz y la justicia.
El ataque a Hama, una ciudad de 800.000 habitantes que emergió como un símbolo de la resistencia siria, se reanudó ayer al amanecer. Los activistas acusaron al régimen de tratar de aplastar las protestas en uno de los principales centros de disidencia antes del mes sagrado de Ramadán, que comenzó ayer, temiendo quizá que los manifestantes pudieran usar la oración diaria para organizarse y manifestarse.
Tal violencia provocó una nueva ola de indignación internacional –incluyendo a Rusia, un aliado cercano de Siria que siempre se mantuvo acrítico–. Pero el canciller británico, William Hague, le dijo a la BBC ayer que no existía “ni una remota posibilidad” de lograr un mandato de la ONU para una intervención militar.

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