Elecciones

Por: Angélica Gorodischer.

Nuestro verbo elegir viene del latín, como vienen tantos otros verbos, sustantivos, adverbios, en fin, todo eso que hace de nuestro idioma un idioma extranjero, mestizo, rico, contradictorio, asombroso. Ya me fui por las ramas, busquemos el tronco que está aquí nomás a un renglón de distancia.

Viene de eligere el verbo elegir, y significa o significaba entonces cuando daba nacimiento a nuestro elegir, sacar, arrancar. Cosas más raras se han visto pero ésta es levemente extraña, sólo levemente porque a poco que lo pensemos nos daremos cuenta de que es perfectamente adecuado el significado con respecto a la palabreja. ¿Qué hace una cuando elige? Si tiene que elegir es que hay muchas cosas de la misma índole entre las cuales optar por una y una solita, de modo que tiene que arrancar a esa una del conjunto. Meter la mano, el ojo y la mente también, tocar, probar, tantear, dudar (a veces; a veces no), decidir, cerrar la mano agarrando lo elegido y arrancarlo del conjunto. Después, se supone, una queda de lo más satisfecha con una misma y con lo que ha elegido. Salvo que una sea una neurótica de lo peor y se pase tres meses lamentando lo que eligió. Puede suceder y a veces sucede, que es lo mismo que decir que la ley de Murphy se cumple perfectamente en estos avatares de la palabra. Pero bueno, la palabra, ya se sabe, es misteriosa. Cambia de forma, de color, de peso, de olor, de significado, de sombra, de familia, de recorrido, justo cuando no nos lo esperábamos. ¿Traidora? A veces. Depende de quién la dice o la escribe o la grita. En ocasiones lampalagua, que es también mantona, mazacuata, mancaurel, y no me estoy inventando nada. En otras ocasiones, apenas un rastro, una huella casi imperceptible (¿es imperceptible la palabra imperceptible?) en la sílaba, en el papel o en la conversación. Además de misteriosas, tal vez traidoras, las palabras (observe que he cambiado el número y lo que fue singular ahora es plural) tienen profundidad. Sí, aun las más frívolas, las más transparentes, las más volátiles tienen profundidad. Son cada una de ellas y todas un pozo que agrega lo negro al misterio y a la traición. ¿Qué vamos a decir entonces? ¿Adónde y cómo vamos a hacer el gesto y arrancar y sacar lo elegido del conjunto que se nos muestra, tan provocador, tan rugiente, casi un mal sueño? Y sobre todo, ¿cómo vamos a hacer para sentirnos orgullosas de lo que le hemos arrancado a la propuesta del destino? Un consejo: sumérjase en el conjunto y sueñe. Le aseguro que es infalible.

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