Quienes tenemos algunos años y vivimos el retorno a la Democracia en 1983, pudimos apreciar entonces la efervescencia y movilización que generaba cada acto eleccionario, sobre todo el primero, cuando las autoridades populares desplazaron a los dictadores asesinos. Entonces en cada mitín, en cada convocatoria, se contaban por miles los presentes, y los actos se realizaban en espacios grandes -sobre todo a nivel nacional- en razón de la gran cantidad de concurrentes.
Si bien esta elección es primaria y las autoridades se eligen el 23 de octubre, también tienen su gran importancia y esa presencia masiva no se vio nuevamente.
Además, en cada uno de los "bunker" políticos, como se los denomina hoy, siempre se preparaban para el día de las elecciones móviles de allegados, remises e incluso combis o micros para desplazar a los votantes hacia sus mesas, algo que si bien se observa hoy, lo es en mucho menor grado.
Quizá esto tenga que ver con que -sanamente- nos hemos acostumbrado a elegir cada dos años al menos, y la Democracia -tantas veces vejada por golpes militares- tiene una continuidad esperada.
Lo que sí se observó en cada uno de los lugares partidarios es la presencia de muchos jóvenes que pareciera se están sumando a la vida política e institucional argentina, luego de muchos años de desinterés, quizá porque no fueron satisfechos en sus expectativas.
Si bien se apreciaron carteles y pasacalles, tampoco esta propaganda era la de antaño donde no había siquiera un lugar para agregar otro, y daba la sensación de estar en una ciudad diferente.
Cosas que el tiempo va cambiando pero que hace estrictamente a una mirada externa al acto en sí, lo importante es la participación y que la gente se sume en el partido o movimiento que desee para hacer su aporte. Así aseguraremos el presente y garantizaremos el futuro, y seguramente si todos nos sumamos, las cosas irán mucho mejor.
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