La mandataria argentina se comprometió a "trabajar con los líderes de la región" y consideró imprescindible el reconocimiento del Estado Palestino. El Mercosur también emitió un comunicado en el que condenó la escalada bélica.
El mandatario egipcio le solicitó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que interceda para ayudar a poner fin al conflicto armado que amenaza a la paz en la región del Medio Oriente. Un comunicado de Casa Rosada dio cuenta de la novedad señalando que "el presidente de la República Árabe de Egipto, Mohamed Mursi, se comunicó con la presidenta de la Nación para solicitarle su intervención, y a través suyo de los líderes de la región, para lograr el fin de la violencia entre Israel y la facción palestina Hamás, que gobierna la Franja de Gaza".
En el transcurso del diálogo que mantuvieron ambos jefes de Estado, el egipcio afirmó que "el aumento de víctimas civiles en las últimas horas ha llevado la situación de esa región a un estado de peligrosidad no visto en los años recientes", mientras Cristina Fernández expresó su "solidaridad con todas las víctimas", y se comprometió a "trabajar con los líderes de la región en urgir a las partes en conflicto a cesar la violencia". A su vez, sostuvo que "el mundo entero debe comprometerse a que en Medio Oriente deje de prevalecer la lógica perversa en la que las armas remplazan el camino del diálogo".
Mursi había intentado comunicarse el jueves, pero por cuestiones de agenda, la charla finalmente se concretó el viernes cuando Cristina se encontraba en El Calafate. En ese marco, la presidenta consideró "imprescindible el reconocimiento del Estado Palestino, verdadero nudo gordiano de la cuestión". Una fuente de Cancillería le confirmó a Tiempo Argentino que el pedido de Mursi no fue dirigido solamente al gobierno nacional, y señaló que están observando la situación de las embajadas argentinas en una zona de Medio Oriente, nuevamente asolada por la violencia.
En tiempos de Hosni Mubarak, Egipto evitaba cualquier polémica con Israel y los Estados Unidos en el marco de acuerdos que vienen de la época de Anwar el Sadat. Pero, a partir de las revueltas populares que derivaron en la caída de la dictadura y de sus efímeros continuadores, Egipto cambió el rumbo de su política regional tras la llegada al poder por medio de elecciones de esta nueva camada liderada por los islamistas moderados Mursi y el primer ministro Hirsham Qandil, cercanos al movimiento de Los Hermanos Musulmanes.
Distantes del proyecto nacionalista, laico y belicista de Gamal Abdel Nasser, los actuales hombres fuertes de la política egipcia tienen en común con aquel líder del panarabismo antisionista de los años '50 y '60, la idea de que el país del Nilo debe volver a ser un actor central en Medio Oriente.
Con ese objetivo, Egipto apoya a Palestina tanto en sus reclamos por territorios como en el reconocimiento de su conformación como Estado.
La nación, ubicada en el extremo noreste africano, es uno de los garantes de paz en ese conflicto y como tal tiene participación directa en las negociaciones por ese proceso. De hecho, su primer ministro visitó el viernes Gaza, se reunió con el primer ministro de Hamas, Ismail Haniyeh, y pese a que se había anunciado un alto al fuego en las tres horas que durara su estadía, no logró que se detuvieran siquiera en ese lapso las hostilidades entre la organización política armada y el ejército israelí. Así y todo, aprovechó la circunstancia para dejar en claro la posición de El Cairo. "Egipto apoya a los palestinos, las acciones de Israel no pasarán desapercibidas", dijo, aunque enfatizó que su gobierno "no ahorrará ningún esfuerzo para lograr una tregua".
Por su parte, Mursi afirmó que "El Cairo no dejará a Gaza sola", y agregó que "les digo en nombre de todo el pueblo egipcio que el Egipto de hoy es diferente al Egipto de ayer, y que los árabes de hoy son diferentes a los árabes de ayer". Ayer, Mursi suavizó el tono de sus declaraciones y dejó entrever que "existen algunos indicadores de que pronto podría haber un cese del fuego".
El miércoles pasado se inició la Operación Pilar Defensivo con la que Tel Aviv anunció que busca socavar o limitar el poder de fuego de la organización palestina y de la Jihad Islámica contra la población civil israelí. La violencia creció a partir de la muerte por parte del Ejército israelí del líder militar de Hamás, Ahmed al-Jabari.
Desde ese momento, desde Gaza recrudeció la lluvia de misiles a las zonas fronterizas y las dos acciones más resonantes fueron los misiles dirigidos a Tel Aviv y Jerusalén (desde 1970 que no era atacada por vía aérea) que no ocasionaron víctimas. Israel continuó bombardeando con su fuerza aérea mientras su ministro de Defensa, Ehud Barak, aprobó un pedido del Ejército para aumentar el número de reservistas en condiciones de ser movilizados hasta llegar a unos 75 mil.
Según datos del Ejército de Israel, este atacó aproximadamente 832 objetivos en la franja. Mientras, las milicias palestinas anunciaron que lanzaron 705 cohetes, de los cuales 434 hicieron impacto, 240 fueron interceptados en vuelo y el resto estallaron en el lanzamiento o cayeron en la propia franja. En este contexto, con la posibilidad de un ataque terrestre a Gaza a la orden del día, en los cuatro días que lleva la Operación Pilar Defensivo murieron 45 palestinos y tres israelíes, mientras que se registraron 400 heridos por el lado palestino y 15 israelíes heridos. «
Efe, Ansa y Dpa
El detalle
Negociaciones
Barack Obama le había pedido interceder a Mursi, quien luego se comunicó con Cristina.



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