Egipto, entre el júbilo y la decepción

Miles de personas volvieron a colmar la emblemática plaza Tahrir; la Junta confirmó que dejará el poder en junio

EL CAIRO.- La plaza Tahrir volvió a quedar pequeña para acoger a los centenares de miles de personas que se congregaron allí durante todo el día de ayer para el primer aniversario de la revolución del 25 de enero que puso fin a la dictadura de Hosni Mubarak.

El ambiente en la mítica plaza era una mezcla de alegría por los logros conseguidos, y de espíritu reivindicativo por las demandas revolucionarias aún insatisfechas.

"Hoy no hay nada para celebrar, no es un día feliz. Muchas personas murieron, y otras fueron torturadas durante los últimos meses luchando por una causa que aún no ha triunfado. La revolución no habrá culminado hasta que los militares entreguen el poder a una autoridad civil", dijo a LA NACION Amal Sharaf, vocero del Movimiento 6 de Abril, el más célebre grupo de jóvenes revolucionarios.

En el corazón de Tahrir, justo debajo de una foto de un Mubarak ahorcado , un grupo de jóvenes se agrupó en un corrillo para cantar lemas revolucionarios. Entre los más populares: "¡Pan, libertad y justicia social!", y "¡El pueblo quiere la caída del mariscal!", en referencia al Hussein Tantawi, el presidente de la Junta Militar.

Estos activistas creen que, 12 meses después de su gran hazaña , pocas cosas cambiaron. No sólo la cúpula del ejército continúa llevando las riendas del país, igual que durante las últimas seis décadas, sino que existe censura en los medios de comunicación, se llevó a juicio a más de 12.000 civiles en tribunales militares sin garantías legales y se producen abusos en las cárceles y comisarías, tal como han documentado numerosas organizaciones de Derechos Humanos.

La demanda de una profunda transformación de los servicios de seguridad fue ignorada. Tan sólo cambió su nombre para salvar las apariencias. Tampoco avanzó la justicia social solicitada por las movimientos obreros, ni la justicia reparadora exigida por los familiares de las más de 800 personas asesinadas durante los 18 días que duró la revolución.

Varios agentes acusados de disparar contra la multitud fueron absueltos, y los activistas temen que ése sea el mismo veredicto del proceso más simbólico: el del rais Mubarak y sus hijos.

Sin embargo, tras una apariencia de fortaleza, el viejo orden se resquebraja, y otro nuevo está naciendo. La continua presión en las calles forzó a la junta, en noviembre, a acelerar la fecha de la transferencia del poder al 30 de junio y a suspender esta misma semana la odiada ley de emergencia. Ayer, en coincidencia con el aniversario de la revolución, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas confirmó que abandonará el poder en esa fecha para dedicarse a defender "la tierra, el cielo y el mar de Egipto".

Hasta el momento, el mayor hito de la transición fue la elección de un Parlamento democrático, constituido el lunes pasado. Esta es la primera institución verdaderamente representativa de la voluntad popular desde la anterior revolución, liderada por Nasser en 1952.

Todo nuevo orden viene acompañado de una nueva elite, y en este caso se trata de los Hermanos Musulmanes, el histórico movimiento islamista egipcio. Después de más de ocho décadas de represión y ostracismo, los Hermanos ya saborean las mieles del poder. La abrumadora victoria de su marca electoral, el Partido de la Libertad y la Justicia, que se quedó a un solo paso de la mayoría absoluta, les permitirá controlar el Parlamento. Por el momento, su secretario general, Saad Katatni, ya es el flamante presidente de la institución.

Equilibrio inestable

La dirección del movimiento ha optado hasta ahora por una línea contemporizadora con la junta, y aboga por seguir su hoja de ruta de la transición, que otorga el gobierno del país a los militares hasta la elección de un nuevo presidente, en junio próximo. Por eso, los disciplinados miembros del movimiento islamista ayer se dirigieron a la plaza Tahrir con un espíritu festivo, muchos de ellos acompañados de sus familias.

"Estamos aquí para celebrar los logros de la revolución, no para pedir la caída de la junta", explica Tarek Mohammed, un electricista tocado con una gorra verde con la insignia de los Hermanos Musulmanes. "Es cierto que aún faltan demandas por satisfacer, pero hay que ir paso a paso, sin amenazar la estabilidad", comenta ante la atenta mirada de sus dos hijos.

Las próximas etapas del proceso de transición en Egipto vendrán determinadas por el inestable equilibro entre sus tres actores centrales, la junta militar, los jóvenes revolucionarios y los Hermanos Musulmanes.

Todo parece indicar que el asunto más sensible durante los próximos meses será la redacción de la Constitución. Las fuerzas armadas pretenden que la Carta Magna blinde buena parte de los privilegios materiales de los que gozan en la actualidad. Aunque militares e islamistas parecen predispuestos al compromiso, el furor de los revolucionarios en las calles puede alterar la ecuación.

En este sentido, será decisivo el calibre de la nueva ola revolucionaria que los jóvenes activistas quisieron lanzar ayer. Con el paso de los días se sabrá si lo de ayer era sólo el embate de una marea cíclica o bien la antesala de un tsunami, como el que hace exactamente un año se llevó por delante al último faraón.

El año del cambio

Enero . Siguiendo la estela de Túnez, miles de manifestantes egipcios se concentran el día 25 en la plaza Tahrir para protestar contra el régimen de Hosni Mubarak.

Febrero . Tras 18 días de protestas y bajo una continua presión, Mubarak anuncia que deja el poder. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas toma el control del país y se compromete a convocar comicios legislativos.

Marzo y abril. Un tribunal congela los bienes de Mubarak, hospitalizado por una crisis cardíaca, y le prohíbe salir del país. Más tarde, ordenan su arresto. Una mayoría aprueba en un referéndum modificar la Constitución.

Mayo y junio. La fiscalía ordena llevar ante la justicia a Mubarak y sus dos hijos por el asesinato de cientos de manifestantes. La junta militar levanta el toque de queda, vigente desde enero.

Octubre y noviembre. Masivas marchas contra las prerrogativas que se quiere atribuir la junta militar en la nueva Constitución. Tras varios días de violencia, el gobierno presenta su renuncia.

Diciembre y enero. Los Hermanos Musulmanes ganan las elecciones legislativas. Se anuncia el fin del estado de emergencia.

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