El investigador Alejandro Oliva y la diputada provincial Saldaña discreparon con el gobernador sobre los efectos de agroquímicos sobre la salud. "Nuestra provincia es reducto de la más fenomenal y avasallante invasión sojera", se recordó.
El doctor Oliva había sido nombrado en el informe que Rosario/12 publicó el domingo al entrevistar al ministro de Salud Miguel Cappiello. "El doctor Cappiello dijo que no pudimos demostrar la teratogénesis, cuando nunca la estudiamos, mientras hay científicos de la Universidad Nacional del Litoral que demostraron los efectos del glifosato sobre fauna ictícola".
En este sentido Oliva recordó que "el fallo de la justicia de San Jorge confirmado por la Cámara, ordenó demostrar al estado provincial la inocuidad del producto, para lo cual debió encargar un estudio a la UNL, que hasta el momento se desconoce".
"Faltan solo dos meses para que venza el plazo dado por la justicia para que se demuestre que tanto el glifosato, como el endosulfán, como el 2.4-D (que componen el cóctel más utilizado en el campo) no son tóxicos para la salud, en esta inversión de la prueba que adoptó la justicia, sobre lo que no han hecho nada".
El médico opinó en este sentido que "están demorando la discusión, 'por la moratoria de los votos' mientras hay miles de firmas de gente que votó a este gobierno provincial que no tiene respuestas para este tema. Mientras tanto los chicos se siguen enfermando y está cada vez más comprometida la salud infantil".
Por su parte la diputada Saldaña opinó que "estos mismos dirigentes políticos aseguran sin ruborizarse que no existe la posibilidad de alimentar a la población mundial si no se utilizan estos sistemas agroindustriales. Demás está decir que van a desmentirlo, pero se han realizado verdaderos estudios y muy serios (por el tamaño de las muestras y la diversidad de sitios en el planeta donde se ha investigado) que permiten asegurar que la producción agroecológica permitiría los mismos niveles de producción actuales aún sólo con la utilización de las mismas cantidades de tierras. Pero con una salvedad: se necesita más mano de obra, más trabajadores, menos concentración de tierras, mayor diversidad de semillas. Justo lo que odian los actuales dueños de la alimentación planetaria, porque de esa manera ya no se los necesitaría, ni a sus semillas transgénicas ni a sus venenos colaterales".
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