Efecto Río Cuarto

No por casualidad José Manuel de la Sota ha mantenido el liderazgo del PJ provincial a lo largo de las últimas décadas. Javier Cámara.

No por casualidad José Manuel de la Sota ha mantenido el liderazgo del PJ provincial a lo largo de las últimas décadas. Pero de todas las aptitudes que le han permitido sostener esa condición, hay una que distingue al actual gobernador: la de identificar el momento preciso en que su liderazgo está dejando de ser percibido como tal en la ciudadanía. Y, en consecuencia, reaccionar con alguna medida de gobierno que, por lo general, busca ser espectacular.

Todos los líderes políticos saben que si algo no pueden perder es la iniciativa política. Y De la Sota puede dar cátedra de cómo prevenir esa “enfermedad”, tanto en su eventual rol de candidato, como en el de gobernador en funciones.

La derrota que le asestaron los votantes riocuartenses semanas atrás, al elegir para un nuevo mandato al actual intendente radical, en lugar del candidato que apoyó De la Sota, encendió una luz de alarma en quien había arriesgado mucho más que tiempo en esa elección.

Su propia pareja, Adriana Nazario, le había dicho “no” cuando le pidió que fuera la candidata a intendente. La opción Miguel Minardi (el candidato que ganó la interna) llevó a De la Sota a asumir la campaña como si fuera propia. Y también perdió.

En el entorno del gobernador interpretan que las medidas de ayer son una reacción al resultado adverso en Río Cuarto.

En las anteriores gestiones las reacciones se llamaron “Fuero Penal, Económico, Anticorrupción” (con una sola fiscalía que rápidamente colapsó); CAP o “Comando de Acción Preventiva”; “Programa Vida” (que creó el fenecido servicio del 136); y el listado sigue.

Recién en algunos años los cordobeses podrán evaluar si los auspiciosos programas contra la trata de personas y contra el narcotráfico fueron sólo parte del efecto Río Cuarto.

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