El Pentágono y el Departamento de Estado crearon grupos de trabajo
Conscientes de los errores que cometió Estados Unidos después de la invasión a Irak en 2003, ambas dependencias crearon grupos de trabajo para delinear la estrategia frente a lo que, según muchos funcionarios, será un desenlace caótico, que podría desestabilizar a toda la región.
El Departamento de Estado está considerando destinar nuevas partidas de alimentos y medicamentos, y estudia el modo de desmantelar lo antes posible la andanada de sanciones aplicadas contra Siria por Estados Unidos y la Unión Europea, para permitir que vuelvan las inversiones y los negocios repunten, y así evitar un deterioro social más profundo.
También está presionando a la oposición siria para que evite que se desate una venganza contra el ejército, la policía y los organismos públicos, ya que la población podría quedar indefensa y producirse un colapso de los servicios públicos.
El Pentágono está delineando planes de contingencia, que incluyen acciones conjuntas con la OTAN y sus aliados de la región, para ocuparse de la enorme masa de refugiados que huye de Siria por las fronteras y salvaguardar el arsenal de armas químicas de ese país.
PRONÓSTICO
A los funcionarios norteamericanos los impulsa el sombrío pronóstico que casi todos comparten: lo más probable es que el régimen termine haciendo implosión violentamente y con consecuencias impredecibles, en un país con divisiones tribales, étnicas y sectarias mucho más profundas que las de Irak, y que es posible que todo esto ocurra en medio de la campaña presidencial norteamericana.
Los planes de Estados Unidos son particularmente delicados, porque el gobierno de Barack Obama no quiere dar la imagen de que los norteamericanos interfieren con el gobierno de transición que se instalaría en Siria, aunque sea inevitable que Estados Unidos quede, de todas formas, enredado en el caos que se genere.
Los esfuerzos del Departamento de Estado y el Pentágono se hicieron más sistemáticos el mes pasado, cuando la oposición de China y Rusia en la ONU hizo fracasar la propuesta de una salida gestionada por Occidente.
Aunque la Casa Blanca rechazó de plano la opción de armar directamente a los rebeldes, sí autorizó el desembolso de 25 millones de dólares de ayuda directa en suministros médicos y equipos de comunicación para colaborar con los combatientes que se oponen a Al-Assad.
El trabajo del Departamento de Estado es coordinado por el subsecretario de Estado, William Burns, que se desempeñaba en la Oficina de Asuntos de Cercano Oriente cuando se planeó la invasión a Irak. En ese entonces, el Departamento de Estado se enfrentó al Pentágono sobre qué debía hacerse después de la caída de Saddam Hussein. El Departamento de Estado creó grupos de trabajo específicos, que se ocupan de diversos aspectos de la Siria post Al-Assad, entre ellos, la transición política.
Este último grupo es liderado por el embajador norteamericano en Siria, Robert Ford, que cerró la embajada de Damasco por el deterioro de la situación y que ahora tiene su sede en Washington. La semana pasada, Ford se entrevistó en El Cairo con más de 250 opositores sirios.
El Pentágono, junto con el Comando Central, también creó grupos de trabajo similares, conocidos como "equipos de crisis", abocados a estudiar cualquier contingencia que involucre al ejército norteamericano.
El amplio rango de planes en curso, sin embargo, no hace más que resaltar la magnitud del peligro. Al tope de la lista, se encuentra el arsenal de armas químicas de Siria, cuyos líderes reconocieron tener la semana pasada, cuando prometieron utilizarlas sólo en caso de una invasión extranjera

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