Y finalmente sucedió: miles de personas se lanzaron a las calles en Nueva York y Washington para decir que el “sueño americano” -aquello de tener una casa y un auto, abrir un negocio y mandar los hijos a la universidad- se está convirtiendo en una verdadera pesadilla para la mayoría de los estadounidenses.
Oficialmente se reconoció que uno de cada seis estadounidenses -46 millones en total- viven por debajo del nivel de pobreza y que el desempleo se mantiene en el 9%, equivalente a 14 millones de personas, de las cuales el 40% lleva más de seis meses sin conseguir trabajo. Se trata, sin duda, de records históricos, pero son un pálido reflejo de la realidad: Estados Unidos es el campeón de la desigualdad del mundo industrializado: el 1% gana más que el 50% de la población con menores ingresos.
Los niños son la cara más dramática del deterioro del nivel de vida estadounidense. La Fundación Annie E. Casey indicó en un reciente informe basado en datos oficiales que la pobreza del sector aumentó un 18% entre 2000 y 2009, para abarcar a casi 15 millones de menores (21,6%). Una cifra muy por encima de la de Dinamarca (3,7%), Alemania (8,3%) o Francia (9,3%) y muy cerca de la de Chile (24%) o México (25,8%).
Hablar de pobreza es también hablar de muerte. Casi 45 mil personas -uno cada 12 minutos- mueren al año en Estados Unidos por carecer de seguro médico y de una buena atención, según investigadores de la Harvard Medical School.
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