El referente de Defendamos La Plata dialogó con REALPOLITIK sobre la responsabilidad que ha tomado el municipio de no demoler más casas patrimoniales.
A continuación, la entrevista completa.
RP.- Se está discutiendo mucho sobre el compromiso del municipio para proteger el patrimonio de la ciudad, ¿confían en ese compromiso?
Yo no puedo decirte desde una asamblea de vecinos que desconfío de la administración municipal ante todo compromiso que ésta asuma. En algo tienen que poder cumplir. Creo que desde la asamblea lo que buscamos es eso: que empiecen a cumplir los compromisos.
En relación al patrimonio, por ejemplo, es una lamentable paradoja, una profunda torpeza, que una administración municipal que difunde su pretensión de fomentar el turismo en La Plata se dedique a destrozar el patrimonio de la ciudad y a habilitar obras sin carácter que arruinan quizá para siempre la singularidad platense, que es uno de los motores del turismo que podrían ser estimulados.
Y no es solamente un tema de turismo, también está la calidad de vida de los vecinos, ya que ésta fiebre de destrucción se define a la marchanta y en cualquier lado. Después resulta que tenés barrios enteros que no pueden dormir, que quedan incomunicados, sin servicios y donde el transporte no llega.
Los vecinos no sienten apego por la ciudad que les ha sido arrebatada entre componendas y negocios truchos. Entonces, si el vecino no se identifica con su espacio, tenés el vandalismo y una calle insufrible.
Lo que buscamos es, a lo mejor, hacer notar y demandar a la administración que los vecinos queremos lo mejor para la ciudad, que noten que los objetivos de los platenses no pueden estar distanciados de los de la municipalidad. Si asumen ese compromiso, nos va a ir mejor a todos. Si no, la ciudad es un sistema sensible que tiene un límite.
RP.- ¿Es difícil el trabajo de la asamblea?
No, no es difícil, aunque a lo mejor a veces es mucho. La asamblea se nutre de vecinos, gente común de La Plata, preocupada con lo que está pasando. Y esa gente es generosa, dispuesta y comprometida.
Cuando conocés a los vecinos entendés más a la ciudad, y por transitiva, por qué les duele ésta destrucción. Creo que para todos fue en cierta forma una suerte encontrarnos y la asamblea sigue creciendo.
Se trata de la ciudad en la que vivimos -en mi caso en la que nací-. ¿Cómo no vamos a buscar lo mejor para ella?. Como vecinos queremos que la ciudad se preserve, pero también que crezca de acuerdo a lo que es, siguiendo sus lineamientos, preservando su carácter.
A esta altura, La Plata, pionera en su proyección y planteo, si la hubieran cuidado debería ser una efervescente ciudad universitaria, soleada, colorida y arbolada, en gran medida peatonal y surcada por tranvías. Un polo de cultura, con sus teatros, sus poetas, sus escritores y sus rockeros, sus profesionales y científicos. Una verdadera ciudad moderna. Pero bueno, se ve que los administradores actuales vienen prefiriendo el cemento, el ruido y el smog. Además de los desafortunados negocios que impulsan, atrasan como cincuenta años en la mirada que tienen. Uno a veces se pregunta cómo piensan.
RP.- ¿Por qué es importante defender el patrimonio?. La pregunta parece simple, pero de acuerdo a los estudios y a la posición que ustedes vienen mostrando, es importante saber en qué radica de la lucha.
Patrimonio abarca mucho, tiene mil aristas. Literalmente es lo heredado de los padres.
Pero también es nuestra identidad, es de lo que guardamos una memoria: es el espacio público, son los recursos medioambientales, es nuestro derecho a una calle amable, es una posibilidad de motivar el turismo si mantenemos nuestra singularidad. No se hace turismo en ciudades que no tienen carácter.
Pero sobre todo, compartimos una ciudad si compartimos un espacio público. Sobre todo si es una ciudad singular como La Plata y si hemos cuidado ese espacio público, si hemos protegido nuestro patrimonio, también compartimos la memoria de los que nos han antecedido. Esa experiencia es lo que llamamos identidad.
No puede proyectar un futuro ni un presente quien no guarda memoria. Y quien no guarda una identidad común, no se reconoce en el otro y tiene miedo, o está marginado. Si permitimos que se destruya ese espacio público y nos mantenemos temerosos en nuestros departamentos, la calle, el espacio que llamamos común, pasa a desunirnos, y la ciudad se vuelve en un no lugar, agresivo y hostil, terreno para negocios especulativos y punto, ya que ni el pequeño comercio prospera. (www.REALPOLITIK.com.ar)
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