Editorial: El tiempo en el Concejo

Con la ausencia de funcionarios municipales, que no aceptaron la invitación del Concejo Deliberante para explicar por qué se dio de baja el contrato de una trabajadora municipal, el cuerpo deliberativo utilizó toda la mañana y parte de la tarde del miércoles para analizar los pormenores de ese tema.
Durante más de dos horas debatieron si la convocatoria a sesión extraordinaria era adecuada porque consideraban que no era “de interés público y urgente”. Recién después iniciaron la sesión propiamente dicha.

Desde la barra, gremialistas del Sindicato de Trabajadores Municipales y de ATE, sumados a un grupo de unos 40 empleados comunales que hicieron un alto en sus tareas, escucharon los detalles de la discusión.

Era sólo cuestión de elegir dónde hacer foco: si en las razones por las que el gobierno municipal resolvió dar de baja un contrato y la discusión deliberativa por el caso, o cómo será la estructura laboral de la Comuna que permite que varias decenas de trabajadores frenen cinco o seis horas en sus funciones para escuchar a los concejales y nada sustancial dentro de la Comuna se vea resentido.

Pero no nos vayamos del eje, del meollo del asunto, de la convocatoria a extraordinaria. En principio, se pensó que la reunión del cuerpo deliberativo sería un marco adecuado para repasar la situación laboral de todos los empleados comunales, ya que además del genuino pedido de aumento que no está resuelto, suelen sufrir las carencias de gran cantidad de elementos básicos para desarrollar sus tareas: jeringas, gasas, papel, lapiceras, toner en las impresoras, combustible para recolectar las ramas callejeras, materiales, entre otros faltantes.

Pero ese enfoque apareció en contadísimos minutos. El problema a resolver era y es la continuidad laboral de una trabajadora que llegó a la Municipalidad por un contrato.

Nadie está en contra de la defensa de una fuente de trabajo. Se dice, además, que el Ejecutivo erró en la elección de la “despedida”, ya que cumplía a rajatablas con las demandas de sus jefes. Y los gremialistas, impulsores de la sesión, en todo caso no hacen más que cumplir con su función.

La pregunta, entonces, apunta al Concejo: ¿debe convocarse a una extraordinaria por la remoción de un contrato? De ser así, olvidémonos de la posibilidad de que el cuerpo deliberativo debata temas pendientes y urgentes para toda la comunidad y no sólo para el micro mundo municipal, porque resta definir el futuro o las condiciones de continuidad de unos 400 contratados más.

Si se descartaba a los concejales, a sus asesores rentados, a los gremialistas y a los empleados municipales, el resto de los que el miércoles presenciaron el debate coincidían en un puñado de incertidumbres: ¿este debate es en serio?, ¿a dónde quieren llegar?, ¿puede el oficialismo ser tan flojo para defender una decisión tomada?, ¿hasta dónde trepará el grado de ironía de algunos concejales que creen que su mandato es sólo un tránsito hacia otra instancia presuntamente superior?

En algo no hubo dudas: el miércoles, todos los lujanenses perdimos el tiempo. Fue un debate en el que ni siquiera se llegó a buen puerto, porque lo único que se acordó fue estirar la discusión en una “sesión permanente”. Es decir, hay más tiempo por perder.

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