Editorial: Pequeñas acciones

Trabajar para lograr mejorar los índices de seguridad, lejos de la politiquería y del oportunismo de campaña, es una cruzada que merece seriedad en los planes y en sus protagonistas. “La única solución a largo plazo es armar la sociedad desarmada: recuperar el tejido social, deshacer diferencias ofensivas, educar y reintegrar a los desintegrados.
El problema es el corto plazo, mañana y pasado”, escribió en octubre de 2008 el periodista y escritor Martín Caparrós, en una de las tantas oleadas que instalan en la gente el tema de la inseguridad. Un acierto cada una de las palabras que utilizó.

Pero no por complejo o amplio que sea el tema, debe evadirse o, como sociedad, resignar la concreción de pequeñas acciones que aporten a la tranquilidad de los vecinos; de todos los vecinos, incluidos aquellos que a menudo son detenidos por mera “portación de cara”.

Con acidez, el propio Caparrós, en ese mismo texto, indicaba que había otra opción inmediata: “militarizar la sociedad para que nada se mueva sin un control. (...) Seguramente así se evitaría más de un asalto. Pero cuando un policía receloso confunda a uno de nuestros hijos con un peligroso delincuente y lo baje de cuatro balazos, ¿a quién le vamos a reclamar? ¿A los que lo pidieron?”.

En estos días, las fuerzas políticas con representación en el Concejo Deliberante de Luján transitan entre esas dos orillas: ignorar o actuar. Como ruptura a una quietud que por momentos exaspera, el Bloque Peronista del concejal Luis Vanin propuso la realización de una sesión secreta entre ediles, funcionarios políticos y autoridades policiales y judiciales. Esa idea hoy es compartida por la mayoría de los concejales del cuerpo.

El objetivo sería ínfimo. Definir una suerte de diagnóstico con todas las cartas sobre la mesa. Si se quiere, un sinceramiento de casos y recursos para evitarlos.

La situación local amerita ese diagnóstico. Los propios concejales explican que las motivaciones para buscar respuestas a los problemas de inseguridad están, justamente, “en las páginas del fondo del diario en el que trabajan ustedes”, como señalaban esta semana.

Son diversas las cuestiones que merecen atención de las autoridades, sin caer en ese militarismo o en esa “solución única” de la que hablaba Caparrós.

Por ejemplo, hace meses, en total silencio, una empresa privada que se encarga de los pagos a los jubilados y pensionados de Luján les quita una pequeña porción de sus haberes para cubrir una especie de seguro “contra salideras”. Sólo los abuelos más atentos notan ese descuento, por una cobertura que sólo contempla un par de cuadras.

Tal como consta en un proyecto que ingresó esta semana en el Concejo Deliberante, los jubilados están totalmente expuestos. Y la Policía admite que lleva registrado en lo que va del año ocho casos de salideras bancarias. Es decir que si “oficialmente” se habla de ocho casos, la cifra real podría triplicar a ese número.

Quizás en esa reunión los ediles podrán saber, también, por qué hace semanas que las autoridades policiales y judiciales del partido de Luján pelean por una orden de detención de dos sujetos que estarían involucrados en muchos de los robos o asaltos a comercios sucedidos en las últimas semanas, pero siguen libres por ese “cruce de criterios”.

Se podrá indagar, además, sobre la silenciada demora en la colocación de cámaras de seguridad en diferentes puntos del partido de Luján, iniciativa que el gobierno local presentaba como la panacea.

Pequeñas cuestiones que no solucionan el problema de fondo, pero que aportarían claridad en un contexto oscuro.

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