Es probable que si se repasa de modo minucioso el listado de obras realizadas por la actual gestión municipal, aquellos que logren desapasionarse del encarnizado enfrentamiento entre administración actual y pasada observarán que fueron muchas las concreciones.
Pero la gestión de Rosso, aún con obras en su haber, está lejos de cosechar elogios o al menos mantener esa imagen positiva mayoritaria que desencadenó su triunfo electoral de 2007. Es que así como acumuló algunas realizaciones, su gestión sigue atada a una gran deficiencia en la comunicación y una carencia total de planificación.
En estos dos males se puede encontrar la misma raíz: la falta de equipos técnicos detrás de la jefa comunal, lo que indefectiblemente desemboca en la improvisación.
Como primera afirmación, hay que señalar que la intendenta Rosso no entiende a la comunicación como una aliada a su gobierno, sino todo lo contrario. Parecería que le molesta comunicar y ni siquiera aprovecha de esa herramienta cuando tiene buenas noticias para informar a los vecinos.
Sólo por una cuestión de uso y costumbre, cuenta con un área de Prensa y Protocolo a la que sólo le reclama –si es que le reclama- la entrega en tiempo y forma de invitaciones y la redacción de un par de gacetillas por día. En esos textos breves encabezados siempre con “la intendenta Graciela Rosso...” se mezclan calles pavimentadas, entregas de subsidios, visitas de mandatarios, vacunación para perros. Para Rosso, la comunicación de estos temas es apenas un trámite molesto.
No le ocurre sólo a este medio, sino a varios, que ante una investigación o una nota en la que los funcionarios comunales podrían aportar datos u opiniones –incluso favorables a los intereses de la gestión- la búsqueda de un par de frases se asemeja a una persecución policial.
Otro defecto recurrente es aquel de apelar a las promesas para salir del paso. Se comunican obras o soluciones “por venir” pero los meses pasan, nada cambia y la gente no olvida.
Rosso prometió cerrar el basural. No sólo no lo logró, sino que ahora tiene que enfrentar dos accidentes, uno de ellos fatal. Prometió la rápida construcción de una nueva planta depuradora y aún no se colocó un ladrillo. Prometió la Terapia Intensiva de Adultos en el Hospital pero el servicio sigue brillando por su ausencia. Promete mejoras en las calles en cuanto barrio visita pero los pozos siguen creciendo como yuyos en verano.
En síntesis, lo que hace lo comunica mal y lo que comunica a los cuatro vientos no lo realiza. Una ecuación que no tiene a los culpables sentados en las oficinas de Prensa, sino en las voces de mando.
En esa raíz común de los problemas que enfrenta el gobierno, visible en el descontento de gran cantidad de lujanenses, hay otras falencias. Por una cuestión de confianza irreprochable, Rosso confió en su hija Lucía Isnaldi la Secretaría Privada. Esa función es la puerta de entrada al diálogo con la intendenta para todos los que consideran necesario ese contacto. Desde aquel que busca una pensión hasta las autoridades de una sociedad de fomento o el vecino que no quiere podar sus árboles, mueren en las puertas de la oficina de Isnaldi. O ahora –muy propio en los gobiernos argentinos- en la puerta de la secretaria de la secretaria.
Por definición, se supone que esa Secretaría Privada debe ser el cargo que amerita mayor cintura en el trato con la gente. Tan cierto como que la amabilidad, la simpatía o el carisma no se heredan ni se aprenden. Lo que sí se puede aprender es que comprender que cuando se está en la función pública no se está un escalón arriba de nadie, sino a la misma altura, de modo de tener cerca las necesidades de aquellos que directa o indirectamente hicieron que ocupe ese lugar.
También la carencia de equipos capacitados y de confianza que vinieran construyendo un proyecto de gobierno antes de 2007, se refleja otro tema de cadente actualidad: el informe negativo del Tribunal de Cuentas. Que marque sólo en esta gestión errores u observaciones que pudieron repetirse o realizarse de modo similar desde 1985, habla a las claras de una falta de capacidad política para el diálogo.
Pero hay más ejemplos. Hace meses se fue el director de Cultura, sabiendo que se aproximaba el III Congreso Provincial de Cultura. ¿Qué sucedió? Para sorpresa de muchas de las visitas, el anfitrión recibió al evento sin director de Cultura designado.
Tampoco se conoce aún el nombramiento de un director de Servicios Sanitarios. Un funcionario que, si mañana en Campo de Mayo dicen que no reciben más a los tanques atmosféricos de Luján, pasado mañana debería salir a apagar el incendio.
Problemas para comunicar y falta de planificación, razones para analizar un visible descontento.

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