Editorial: Luján en el Bicentenario

Se dijeron frases como para llenar decenas de tomos de libros que repasen el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Cada político, oficialista u opositor, dejó fluir sus reflexiones acerca del momento histórico que les tocó protagonizar.

Luján no estuvo marginado de los festejos. Por el contrario, quiso la historia, por razones de conveniencia o de sincera religiosidad, que el Tedeum, la celebración más destacada de cada 25 de Mayo, se realizara en la Basílica Nacional Nuestra Señora de Luján con la presencia de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner y prácticamente todo su gabinete, acompañada por las máximas autoridades provinciales y municipales, y dirigentes afines a su gestión.

En la ocasión, en un altar desde el que se esperaba una homilía aduladora, el arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani, ofreció un mensaje de esperanza pero no exento de críticas y de subrayados en carencias latentes en el país.

Unidad, consenso, clara división de poderes, construcción de un país para todos, políticas que terminen con la exclusión, con la pobreza, fueron deseos escuchados hasta el hartazgo. En Luján, su máxima autoridad política no desentonó. “Debemos hacer una sociedad más justa, por trabajar todos juntos. Debemos hacer una Argentina plural y aceptar la diversidad como parte de lo que somos todos. Hacer una construcción que nos lleve a un bien común, por encima de los intereses personales”, dijo la jefa comunal.

Sin ánimo de aguar la fiesta, es necesario marcar la enorme distancia que existe en este Bicentenario entre los deseos de todos y la realidad.

Eso que llaman “unidad” no se condice con la clase política dividida para escuchar dos Tedeum; con la ausencia de invitaciones para aquellos con los que no se comparte ideología; con movilizaciones para salir de los templos aplaudidos.

Urge para el país algo más que gestos de madurez. Se precisan acciones maduras. Es larguísima la lista de temas que piden a gritos un debate y una puesta en práctica, justamente, para comenzar a construir esa Argentina unida, pujante, productiva, sin exclusión que tanto pregonan los funcionarios del Bicentenario.

Es práctica en este espacio bajar las reflexiones nacionales a nuestro terruño, de modo de aportar opiniones que ayuden a construir un Luján mejor. Y la intendenta Rosso, en ese contexto, dejó fluir sus deseos, en sintonía con las expresiones de Cristina Fernández o del gobernador Daniel Scioli.

Pero, ¿qué hace la gestión Rosso para cimentar ese Luján inclusivo, unido, sin pobreza y que, en definitiva, honre las coordenadas históricas que lo posicionan en el Bicentenario de la patria?

Un video de cinco minutos que se proyectó en un masivo almuerzo realizado el 25 de mayo al mediodía en el Club Ateneo permitió conocer qué es lo que, según la actual administración, se está desarrollando para construir ese Luján soñado. Pero permitan cuestionar que una caminata, una bicicleteada, unas cuadras de pavimento, unas colonias de vacaciones, un playón deportivo, un puñado de cortes de cintas prometidos hace décadas y algunos puestos de trabajo merezcan párrafos de la historia grande de esta ciudad.

Luján desembarcó en el Bicentenario de Mayo con una enorme demanda de vivienda, a la que desde el Estado sólo se responde con un mínimo aporte para que una organización comunitaria, ajena al gobierno, construya apenas 16 casas.

La mayoría de los pobladores del partido carecen de servicios esenciales como cloacas o redes de agua potable. Son demandas que no tienen respuesta para el mediano plazo.

Luján no tiene resuelta la disposición final de sus residuos sólidos y líquidos. Y se permite una grotesca agresión al medio ambiente. El Bicentenario encuentra esas falencias con meras promesas de inversión.

Al margen de la obra de puesta en valor de la plaza Belgrano y la Basílica, sus alrededores reciben el Bicentenario prácticamente en ruinas. La ciudad de la fe carece de una infraestructura acorde para recibir a los turistas y quién sabe cuándo la tendrá. Puede que algún político se lo plantee como un objetivo posible en el marco del Bicentenario de la Independencia.

La estructura del sistema de salud de Luján está colapsada y sólo se escuchan promesas tras promesas. Y las calles en los barrios necesitan algo más que discursos.

No es insalubre que las autoridades políticas sueñen, planifiquen y reflexionen en grande, con la mira puesta un poco más allá de los años en los que les toca administrar los recursos de todos. Pero si ese relato no se baja a la tierra y se traduce en obras y acciones, la fiesta del Bicentenario estará lejos de ser una celebración de todos.

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